El Poble Sec es una pierna de corista que baila sobre Barcelona.

30/01

Desde mi ventana/

Tiene el Poble Sec sus historias, como todos los barrios del mundo, pero de todos los mundos, son las historias de este barrio las que que me consuelan, cuando no llega tu carta, cuando no amaneces a mi lado, cuando me duermo con tu distancia y despierto con tu ausencia.

El nombre. He escuchado diversas historias sobre el nombre, pero le doy credibilidad a la que recoge Miquel Badenas en su libro: “Fets i gent del Poble Sec i el Paral·lel d’abans”
(Hechos y gente del Poble Sec y el Paralelo de antes)
“…La tierra era negra, muy fértil. El agua sobraba. Las huertas de Sant Bertran, como se llamaba a mediados del siglo XIX a un buen trozo de lo que hoy es el Poble Sec, tenían el agua que bajaba de Montjuïc para dar y usar. Por eso el Poble Sec, pese a su nombre, nunca fue un lugar seco…” “…Las fábricas de tejidos que a mediados del siglo XIX se instalaron alrededor de las atarazanas empezaron a absorber ingentes cantidades de agua. Los pozos empezaron a quedarse secos porque el agua se iba a las fábricas, que funcionaban con la entonces moderna energía del vapor, y las huertas de Sant Bertran -aún hay una pequeña calle entre la avenida del Paral·lel y la calle del Om que lleva este nombre- acabaron por quedar secas. La gente empezó a hablar de un lugar seco refiriéndose a la zona…” Badenas da fe de que el Diari de Barcelona lo explicaba en mayo de 1849 y en octubre de 1852. Y así fue como las ricas huertas se convirtieron en el Poble Sec.

Otra hipótesis es la que hace referencia al hecho de que fue uno de los barrios que mas tardó en instalar fuentes públicas de agua, hacia 1857, sin embargo creo mas fiable la versión de Badenas.

En casi todas las referencias escritas que he encontrado, hay una tendencia a hermanar al Poble Sec con el Raval, barrio del Distrito de Ciutat Vella y conocido popularmente como Barrio Chino -aunque en la última década haya recuperado su verdadero nombre, como Pepa Flores cuando dejó de ser Marisol- Los dos barrios se encuentran a cada lado de la Avinguda del Paral·lel, desde la actual Plaza de la Carbonera, tocando al puerto, hasta La Ronda de Sant Pau. Esta es la versión putera y bohemia de ambos barrios. Putas, travestís, macarras, artistas de variedades, maestros del estraperlo, poetas, y todo el resto de la fauna gamberra y trasnochada de la Barcelona republicana.

Sin embargo, y el mapa no miente, la extensión fronteriza mayor es con L’Eixample esquerra, brazo armado de la clase media de L’Eixample, que es el barrio burgués por excelencia. Esta frontera se extiende por el Paral·lel, desde la Ronda de Sant Pau, hasta la Plaça Espanya. Así este barrio subidor de montañas, tiende una mano cruzada a cada uno de los extremos sociales de la ciudad, y esto, creo es lo que le da su auténtica fisonomía contradictoria. “…Un Poble Sec donde la gente se levantaba con el quiquiriquí de los gallos, bailaba en la plaza de los Ocellets e iba a los teatros y music-halls del Paralelo…”
En las últimas décadas el barrio ha cambiado y ha pasado a ser un barrio multiétnico, donde convivimos latinos, indios, paquistaníes, marroquíes, filipinos, y a donde en los últimos años se han ido trasladando los gitanos de la Calle de la Cera, los “gitanos catalanes” del Peret, tan rumbero i catalá.
Barrio de contrastes, pasional, trabajador e ilegal donde los haya. Aquí nadie es inocente, nadie tirará la primera piedra, pero cuidense de las segundas, de las terceras y de todas las que vendrán después.
En la calle de la França Xica, (Francia chica) aún persiste y muy renovado uno de los últimos Meublés de Barcelona, ahora que han derruido La Casita Blanca de Lesseps.

El Paral·lel llegó a tener once teatros. Revista, Music hall, salas de striptease, vodevil, toda la oferta canalla, a donde la burguesía venía a rozarse con la mala vida, que resultaba tan buena, tan picante, peligrosa y contagiosa.

Yo me mudé al barrio en el año dos mil, y desde entonces puedo decir que estoy en casa.
Buen barrio para todas, para todos y en especial para ti, si vienes a verme!

(Fuentes: Miquel Badenas, El País -Sebastián Tobarra-, Wikipedia)

El Poble Sec es una pierna de corista que baila sobre Barcelona

El Poble Sec es una pierna de corista que baila sobre Barcelona

Martes marrón.

29/01

La Antigua Viña/

Martes, media mañana, sol. El barrio se desplaza laborioso, se va y se viene, el paso despreocupado y la cabeza ausente. El alma de vecinos y vecinas ha dejado atrás la aridez del lunes, y ahora se aboca a sus tareas con la mansedumbre espesa que da el saber que hoy es solo un día mas.
Hoy ni seremos felices, ni moriremos en una gesta heroica. No, hoy no será el día ni la hora señalada, ni Gary Cooper, estará solo ante el peligro. Hoy solo se ganará el jornal que aunque no alcanza para nada, hay que ganarlo igual, se fregarán cocinas con hambre y se limpiarán dormitorios sin amor, se esperará la luz verde de los semáforos, no como una metáfora, sino como una rutina mas, se hojearán los periódicos al descuido, se mirará mas de soslayo que de frente, se tocarán los timbres para vender enciclopedias o revisar los contadores del gas, pero no sonará ese timbre del hijo pródigo ni de la amante deseada. Hoy miraremos lo cotidiano, a falta de un unicornio aunque no sea azul, ni verde luz, corrige Leo Masliah.
Hoy no descubriremos América, y aunque haya bodas y quien se embarque, seguirá siendo un martes tan marrón como los lunes de Sabina.
La terraza está vacía, del portal de casa sale Laura con sus dos galgos, Ares, negro y manso, y Nevado, blanco agresivo, ladrador y con ganas de morder, me mira torcido y ladino, mientras Ares friega su cabeza contra mis piernas. Abel y Caín pienso que debo llamarles. La novia roja pasa errática, nos hacemos un saludo rápido y cordial, y sigue su camino igual de perdida, igual de disgustada con este martes desapasionado.
Pasa la viuda del Guardia Civil, acompañada de un vecino rozador y simpático que le ha dado esperanzas de que haya mas cera que la que arde.
En el interior de La Antigua Viña, se mastica en silencio, sin frío, pero sin sol. Al salir una nube me saluda, la conozco, es la nube de mis sueños, con ella navegaré tantos mares como haga falta para llegar al puerto de tus besos, pero no será este martes.
Buen camino al miércoles, a todos y todas!

Nunca en domingo.

27/01

La Antigua Viña/

Domingo a media mañana. En La Antigua Viña estamos todos. Se echaban en falta las tertulias de la terraza.
La novia roja, fuma de pié en la puerta, dice que si se sienta se le enfría el culo y es de lo poco que aún le queda caliente, dice. Mentira, digo yo, su sangre comunista arde como siempre, su belleza madura también. La viuda negra, a quien juré no cambiarle jamás el apodo, me sorprende hoy como la musa existencialista por excelencia, hay que ver. Pantalones negros como su pelo, jersey negro y chupa de cuero negro, y sus sesenta bien puestos en bandolera, y esa mirada turbadora de quien supo ser mirada y deseada hace cuarenta máquinas, decía Juan Gelman.
La Guardia Civil ha montado un cuartelillo familiar en una de las mesas, allí como aconsejaba el generalísimo nadie se mete en política, solo se habla de nietos, de recetas de cocina y de fútbol, como no! El mudo, ajeno al mundo, sonríe lleno de certezas, entre tanto, en su mesa se enfría el cortado y su infaltable Marlboro humea achicharrado entre sus dedos amarillentos.
La novia roja se acerca a mi mesa y conversamos, primero ella de pié y yo sentado, luego me animo y me pongo a su altura, que es mucha, ideológicamente hablando. Su novio amante de la ciencia ficción estará revolviendo los estantes de los libreros del Mercat de Sant Antoni, para qué, pienso, con todo lo que hay para leer en los ojos de esta pelirroja de izquierdas.
Llega Cesar con cara de sueño y desayuna silencioso en la barra, un café con leche y un donut’s. Hubo fiesta anoche?, le digo al pasar a los servicios, él me sonríe enigmático, o solo dormido.
La calle está animada y familiar, el frío es amigo, y castiga lo justo, el cielo es gris.
El sector de la construcción discute animado en una mesa apartada, salpicada de tinto peleón y generosos bocadillos de chorizo.
Del portal de mi casa salen sorpresivamente las adolescentes gitanas, las killer’s recogedoras de miradas y deseos seniles, de la calle de La Cera. Que ha venido a hacer tan peligrosamente cerca el pecado! exclamo cual predicador asustado. Habrán tocado a mi puerta caducada hace cuarenta años?
Tino trabaja frenético de un extremo a otro de la barra y Marina tiene una falta en la libreta.
Esto es un domingo, pienso que exclamo, al ritmo de la sirena de una ambulancia que corre Paralelo abajo, con un corazón abierto en canal. El mío. Si tu me haces el boca a boca, yo revivo como Lázaro y corro los quince mil kilómetros que nos unen, y toco tu timbre de urgencias.
Cesar se ha incorporado al tajo, y sale a colgar el menú de hoy en la puerta del bar. En ese momento llega la cocinera esquelética y enjuta, envuelta en un abrigo descolorido y raído, mira el menú, farfulla algo incomprensible y entra derecho a su cocina a calentar motores y fogones.
Los domingos no se engaña al estómago con tonterías, los domingos se come, y se bebe, y se duermen las siestas de camas adentro y manos afuera, que los niños están despiertos, Paco!
Los domingos nunca son tristes, los domingos solo son brutales. Nunca en domingo! cantaba hermosa Melina Mercouri en mi infancia de tías y tíos, de primos y primas, en esa misma infancia donde juré que si alguna vez te conocía, no te dejaría escapar.
Buen domingo a todos y todas!

Bolsas o no bolsas?

26/01

La Antigua Viña/

Sábado. Y está todo dicho. La calle se arremolina en el ir y venir de vecinos y vecinas. Es el día de la compra por excelencia. Hoy todo se compra, todo se vende. Grandes bolsas son acarreadas por personas pequeñas.
Hay quien las acarrea como a niños, una en cada mano, paterna o materna, hasta hay quien les habla, o les cuenta un cuento, o les hace las cuentas. Hay quien las acarrea en brazos como a bebés, haciendo arrumacos al puchero, o al potaje en que devendrán cuando crezcan, es decir, esta noche.

Hay bolsas de papel, de plástico, reciclables, de asa corta o de asa larga, todo al gusto del consumidor.
Tienen las bolsas la magia de lo oculto, de lo deseado, de lo esperado, pero tienen también el sabor de la decepción, de lo que no hay, de lo que no está.
Para bolsas la de Papá Noel o los Reyes Magos, aunque también estaba la del hombre del saco, de arpillera proletaria y peligrosa, que nos asustaba a niños y niñas, cuando lo éramos y a los hombres y mujeres en que nos convertimos creciendo con el miedo a la bolsa.
La bolsa o la vida, gritaban los atracadores de caminos en el cine de mi infancia, la bolsa se hunde! gritan aterrorizados aquellos que aún tienen algo que perder y que sin embargo, lo ganan todo.
Hay bolsitas de té y bolsas para dormir en la precariedad, hay bolsas en estos ojos cansados que te miran con deseo y bolsas de agua caliente para el dolor de no tenerte.
Hay bolsas de clase alta, con sus marcas de postín y bolsas obreras donde aguarda el bocadillo del hambre.
Bolsas para guardar y bolsas para perder. Las maletas no dejan de ser bolsas presuntuosas para proteger las pertenencias, y los hatillos, bolsas para recorrer el mundo sin miedo a perder nada, porque no hay nada que perder.
De niños jugábamos a las carreras de embolsados, aunque hoy los que se embolsan son otros, esos que nunca tuvieron bolsas, pero crecieron rodeados de cajas, esas otras bolsas almidonadas.
Mientras termino de fumar mi café, pienso en ir al mercado y comprar algo inservible, con tal de pasear mi bolsa por el barrio y hablarle en voz baja, contarle que no hay bolsa tan grande donde meter mis ganas de verte.

En este momento pasa el novio amante de la ciencia ficción con una bolsa de Ray Bradbury para sus sueños.
Buen sábado a todas, todos, y que no os quitan la bolsa!

Alba.

24/01

Interior de La Antigua Viña/

Explotar. Quizá lo que nos quede. Lanzar nuestros trocitos al aire y contaminarlo con los restos de pasiones, furias, anhelos. Ahogarlo en nuestra rabia, untarle nuestra pena, respirarle nuestros sueños, hasta enviciarlo de humanidad.

Amanece callado el barrio. Es esa hora imposible, cuando la luz de las farolas y la luz del alba, abrazadas, bailan el tango del amanecer.
Los portales silenciosos y oscuros, se entreabren para dejar escapar esos pasos apurados que escapan sigilosos sin mirar atrás.
En esta hora no existen mas ciudades que las soñadas, y el hogar es una cama revuelta y crujidora. El aire huele a cocina, café y pan tostado.
Es la hora en que los vecinos y vecinas son solo sombras que se mueven asustadas ante la voracidad de la luz que despierta. En esta hora cada quien será perseguidor o perseguido en un inhóspito vagón de metro, donde Charlie Parker y Cortázar tocarán a dúo un tema que compusieron mañana…
Es esa hora lunar, cuando las calles se desperezan, se desenroscan y se estiran al ritmo de los pasos urbanitas, como las alfombras rojas, que se extienden al paso de los notables

Tierra de nadie, los corazones del barrio dan cuerda al reloj del día que tarda en llegar aunque la noche ya no está. Los semáforos dirigen un transito inexistente, los bares encienden sus máquinas expresso, los repartidores de los hornos traen el aroma de los croissants, y en los mostradores conviven el café con leche madrugador con el vino del estribo.
Para algunos, es la hora de los ángeles, para otros es la hora de matar sus demonios.

Y sin trompetas ni clarines, sin gritos de euforia, sin salir en los periódicos, sin aspavientos ni ruedas de molino, llega este instante en que la luz, se llama día, y al sonido de los pasos, le nacen estas caras conocidas. Es la hora del primer saludo:
Buenos días a todas, todos!

Distancia.

22/01

Desde mi ventana y La Antigua Viña/

Cielo azul intenso, y un frío enamorado de estas osamentas que traquetean al son de su danza. Hoy crujimos todos y todas, aparte de eso, el barrio se despierta laborioso y abocado a sus quehaceres. Los vecinos y las vecinas traquetean, con sus bolsas de la compra espartana y resistente, con sus portafolios de vendedores de paraísos, con sus cajas de herramientas en paro. Hasta las baldosas de las aceras traquetean.
Hoy nadie se viste, hoy todos nos envolvemos, algunos para regalo y otros para devolución.
Árido es el paisaje de los rostros. Árido es el frío. Árida es hoy la distancia.
Distancia, esa es la palabra, maldita amante, que me abrazaba esta mañana al despertar, la que te hace escapar de mi abrazo, la que me ausenta de tu beso. La que teje este enredo de miedos y deseos.
Pero distancia es palabra neutra, ni poca ni mucha ni cerca ni lejos, solo nombra el resquicio por donde pasa la luz. Quizá solo nos duela un exceso de luz, entonces.

Bajo al bar y recorro la distancia de mi cálida mesa de escritorio, a mi mesa helada del bar, con la desazón de que estos pasos, aunque agranden emociones, no acortan las ausencias, solo las nombran.
Pasa un vecino envuelto en una manta raída, pasa una turista envuelta en un abrigo de visón, que pagaría diez viajes de ida y vuelta al centro de tu corazón, y estoy tentado de saltarle encima, secuestrarlo, venderlo y con el botín, viajar al encuentro de tu vida, que hoy palpita al sol de los veranos del sur, allá lejos, cautiva en la distancia.
O soy yo quien habito cautivo en la distancia?
Yo no fui a la luna, fui mucho mas lejos. Porque el tiempo es la distancia mas larga entre dos lugares decía Tennessee Williams, en el Zoo de cristal.

Pasa un señor que tose, lo reconozco, soy yo, escapando de mi frío, buscando tu calor.
Pasa una musa en bicicleta, y una moza en muletas, se cruzan, se miran, también se reconocen. Pasado y presente se encuentran y se saludan, en este lugar del mundo, anclado en el mar de las culturas, en la Ciudad de los Milagros, dice Eduardo de Mendoza.

La farola de mi pueblo esta partida en dos cachos, una alumbra a los marinos, y otra alumbra a los borrachos, canta una canción popular asturiana. Solo los puertos de mar pueden cantarla y rasgar los horizontes sombríos en pos del sol. Y sigue: Ay mi dulce amor, ese mar que ves tan bello es un traidor.

Pasa mi vecino Diógenes, con su carro robado de un supermercado, acumulando tesoros de las islas de la pobreza, pasa un cortado humeante para la mesa de al lado, la de el mudo, que inmutable, sigue sonriendo. Que verdad profunda habita en su sonrisa, me pregunto. Ninguna, me contesta mi ánimo de hoy.
Acabo de castañetear mi última bocanada de café caliente y mi último sorbo de humo sale disparado en tu búsqueda, mientras yo, vuelvo al refugio de estos objetos conocidos, recogidos a lo largo de este viaje.
Buena mar a los que vayan o vengan, a todos y a todas, y a ti, porque no hay nudo en la garganta que no lo deshaga un viejo marinero!

Donde le duele?

18/01

Desde mi ventana/ Patxoca/ Ambulatorio.

Viernes temprano, cinco grados y lluvioso. Desde mi ventana veo que Tino no ha montado esta mañana la terraza. Las mesas y las sillas están apiladas y mojadas y los parasoles cerrados. Casi que se lo agradezco, es una buena razón para quedarme en casa un poco mas, y escribir desde mi mesa -con su estufa a los pies-, una buena razón para escribir desde este lado del vaho de los cristales. En el otro, la calle muestra su fiereza, su alma de páramo.
En un rato, estaré allí, en ese mundo que ahora desde mi ventana, resulta tan ajeno como inhóspito, tan brutal como cierto.

Patxoca, media mañana el invierno reparte cartas, aunque ahora ha dejado de llover. La terraza resiste, los alumnos apretujados alrededor de una mesa resisten, Chen asomada a la puerta del bar, resiste, yo resisto. He cortado el vendaje que une mis dedos para poder ponerme los guantes y luego he vuelto a vendarlos por encima. Vendaje de invierno en el Corte Inglés.
Los alumnos han entrado a la escuela dejando un rastro de frío detrás de si.
El barrio se mueve hoy de puertas adentro, y los pocos caminantes que atraviesan las calles, lo hacen al abrigo de las paredes y los portales, como Nosferatus escapando de los rayos del sol. Todos respiramos bocanadas de humo blanco, bueno el mío es mas bien oscuro, pero disimula. Hoy todos somos un poco locomotoras, arrastrando las osamentas crujientes y castañeteantes, en una geografía sin raíles, pero con muchas barreras.

Por la tarde. En la sala de espera del ambulatorio del barrio, a que me miren el dedo…
El día ha cambiado, ha salido el sol y ha subido la temperatura. El barrio se ha ido asomando a la calle con desconfianza y prevención. De los bolsos asoman mangos de paraguas plegados, preparados para saltar al ruedo a la primera gota, las capuchas abiertas están preparadas para subirse de un salto a tanta cabeza desnuda y desprotegida.
En la sala de espera, me encuentro con dos vecinas, que de tan mayores, se han hecho tan pequeñitas, que podría sostenerlas en la palma de mi mano, si no fuera por mi dedo convaleciente. Nos saludamos con cortesía y con el temor de los pacientes dibujado en las sonrisas.
Una mujer se ha equivocado de día, tenía hora para ayer, y esto ha dado pie a un corro donde cada una, cada uno, opina, se queja, aprueba o suspende a la seguridad social. Ahora -y no se como han llegado- se está hablando del caldo de gallina y de los potajes en general, mientras escribo, trato de prestar la debida atención, a ver si descubro una receta nueva con que alimentar las horas solitarias.
Buen viernes y dedos cruzados a todos y todas!