Parte médico.

16/01

La Antigua Viña/

A este miércoles, le creció un lunes accidentado.
El lunes en un ensayo, mi dedo anular izquierdo hizo el aguante de mis sesenta y siete kilos de peso, contra una barra de hierro. Desde entonces ha cambiado de forma y color tantas veces como ha querido, tanto que parece el dedo de un actor americano preparándose para un nuevo papel. Escribir en un teclado con una sola mano, no es que sea difícil, es que te da la sensación de que solo escribes la mitad de lo que quieres.
Supongo que no se ha roto, pero la capsulítis es de primer premio.
Ahora anda hermanado con su hermano, el mayor, el solidario.
Con esfuerzo y dedicación voy construyendo en los últimos tres años una tradición laica y teatrera: una lesión por cada taller de tercer curso.
De esta guisa, ni moto ni trapecio y medio teclado. Será parte del plan de recortes de este gobierno.
Pero ahora tengo una foto, en donde viajar hasta donde quiera, y así, en ti viajo, hasta tu abrazo, tu caricia reparadora,
La semana, mas allá del parte médico, que no hay, discurre confusa entre el frío de las terrazas y el calor de las estufas. Seis grados me silba el parte meteorológico de esta mañana, y un pinchazo de hielo se clava en cada tecla que toco.
La calle tiene ese color lavado, desvaído, que da el frío a los objetos, o la soledad a las personas.
Mi mano derecha salta de tecla en tecla y yo me entretengo con sus cabriolas, mientras mis ideas se fuman mi café y se beben mis cigarrilos, a la espera de que les llegue el turno.
Ayer volví ver la película de Ettore Scola, Le bal. La escena en que un hombre vuelve de la guerra con una pierna amputada y se encuentra con su mujer en medio de la pista de baile, y antre el silencio de los demás, los dos se abrazan y empiezan a bailar, él a saltitos y ella cuidándolo, me estrujó el alma de ternura, y mi dedo comentó que de grande quiere ser actor, o aprender a escribir a saltitos.
Buen miércoles a todos, todas, y a mi dedo anular izquierdo!

Mas domingo.

13/01

La Antigua Viña/
He bajado a comer a La Antigua Viña. Ahora vuelve a llover.
He comido en el interior -no me gusta comer en las terrazas, ni en verano- y ahora fumo mi café de sobremesa, o mejor dicho de afueramesa.
Pasan los paraguas con sus personas agazapadas, el frío hoy se puede tocar con las manos. Pasa el novio amante de la ciencia ficción, tan ensimismado que no me ve, ni a mi ni al bar y pasa de largo con una sospechosa bolsa de plástico en la que se adivinan un par de volúmenes, su tarde amenaza con crónicas marcianas o con un mundo feliz, como poco.
La viuda negra, sale del interior del Bahía del Porto Mar y se queda en la puerta, a fumar la digestión. Me ve me saluda con una sonrisa, hay sonrisas que matan pienso, y sigo sin saber si es viuda, si alguna vez estuvo casada, o si lo está actualmente, pero ni así, le cambiaría el apodo.
Pasa un coro de paraguas cantando bajo la lluvia, pero no veo a Gene Kelly debajo de ninguno. Pasa un paraguas cerrado y una cabeza mojada, pasan dos capuchas sin paraguas, ni abiertos ni cerrados, pasa una peluca impermeable recién estrenada. Pasa una pareja de ancianos que se parecen tanto como solo se puede parecer un matrimonio eterno, ella le dice que se acerque mas que se va a mojar y él le responde que si se acerca mas se meterá en sus faldas y ya no querrá salir, los dos se ríen y se apretujan aún mas debajo del paraguas. Pasa una pareja de padre y madre con dos cochecitos de bebé donde han instalado sus paraguas. Ellos se mojan, los hijos no.
Un joven y una joven se encuentran, cada uno trae un paraguas, se abrazan y se besan, ellas cierra su paraguas y se reguarda en el de él, que es mas grande. Hasta en los paraguas existe el sexismo, pienso.
La lluvia gana fondo y fuerza, y es hora de subir al calor de mi estufa,
Buena lluvia y que tengáis con quien compartir el paraguas a todos y a todas!

Domingo.

13/01

Desde mi ventana/

Domingo por la mañana, gris y frío. Ha llovido por la noche, y en las aceras quedan las huellas de esa lluvia, esas charcas casuales, esos mares muertos diminutos.
En los techos de los coches aparcados han nacido galaxias, universos de gotas, donde el barrio se refleja al infinito. Los pocos caminantes que pasan tienen en sus rostros, el anhelo del refugio, del abrazo, del café caliente que espera.
El cielo grita: “Invierno es mi nombre!” y nosotros replicamos con una vuelta mas de bufanda. Vecinos y vecinas respiran bocanadas de vaho, que se confunden con las bocanadas de humo de los fumadores y con las bocanadas calientes de los pucheros que se cuecen en la intimidad de las cocinas. Todos se preparan para juntarse al abrigo de las mesas familiares. Se avecina una tarde de anís y braseros.
Avecina, palabra solidaria, palabra amiga. Si te acercas, ya eres un poco parte de la comunidad.
Así me aveciné yo un día, hace tantas distancias. Así sigo, avecinado en este barrio, en estas calles continentes de tanta diversidad.

Domingo para escuchar la radio, para sestear. Para que me escribas una carta…
Domingo para leer, para perderse en bosques de relatos, para navegar cuentos, para tejer poemas.
Domingo de dos camisetas, de papel de diario bajo el abrigo, de lana y plumas, de estufas y fogones.
Domingo detrás de los cristales de las ventanas, donde se escriben con la punta de los dedos, las cartas efímeras que nadie leerá.
Domingo aquí y domingo allá.
Si tu con tu calor y yo con mi frío nos juntamos, entre los dos templaremos el acero necesario para ganar la guerra de las distancias.
Buen domingo, buen resguardo, a todas, todos!

Tirar un cable

10/01

La Antigua Viña/

Jueves por la tarde. El barrio se mueve mas cotidiano que nunca, todos caminamos con el pie conocido. Nos saludamos con la familiaridad que da el compartir. En este caso además del barrio y las terrazas, todos compartimos el frío, que se mete debajo de los abrigos, debajo de las faldas, por dentro de las perneras de los pantalones, o te espera agazapado en los bolsillos para congelarte la punta de los dedos.

Esta mañana he tenido una visión reveladora.
No, no se trata de una verdad mística, ni de un trasnochado brindis de lisérgico.
Tuve una visión reveladora del barrio, desde el punto mas alto del tejado.

En el terrado de mi edificio han construido un sobreático y nos hemos quedado sin terrado, en su lugar hay un tejado, a dos aguas y con una pendiente bastante pronunciada. Te jodo el terrado, te dejo el tejado, se llama, y es rock de alturas.
Bien, esta mañana vinieron a cambiar mi linea de cobre, por la de fibra óptica. Para hacerlo, se tuvo que lanzar el cable desde el tejado hasta el entresuelo por el contrafrente, y por el frente, por el patio de luces, hasta mi piso. Cruzando desde el contrafrente hasta el frente por el tejado, subiendo por un lado, bajando por el otro. El técnico, cuando vio el percal, meneó la cabezo y dijo: “Va a ser que no. Que yo ahí no me subo”. Entonces yo, apelando a mi profesión de aéreo y a mi condición de volado (o es al revés?) repliqué: “Mire usted, sea como sea, suba quien suba, yo hoy voy a tener acabada la instalación, así que si no va a subir, me va a ir dando las indicaciones y ya lo haré yo, y antes de que dijera esta boca es mía, ya me estaba subiendo a la escalera y saltando al tejado. El me pasó el cable, y me puse manos a la obra. El instalador, sea por orgullo profesional o por curiosidad poética, acabo por subir también y finalmente trabajamos mano a mano. En un momento en que nos tomamos una pausa para humear un poco, nos pusimos de pie, justo en el centro, en el punto mas alto, en la unión de las dos caídas y en silencio nos fumamos un cigarrillo en las alturas.
Esa es una visión reveladora del barrio.
Por el frente, el Paralelo, l’Eixample i todo Barcelona hasta el Tibidabo y Colserol·la, por detrás el Montjuic, a un lado el mar, desde las playas hasta el puerto, al otro l’Hospitalet y la lontananza.

Allí de pie, los dos, cada uno a su aire, gestionando como cada uno supo, tanta belleza…

Cuando después de cinco horas de trabajo, entre el tejado, el entresuelo -donde están las cajas centrales- y mi casa, al acabar y a punto de despedirse, el instalador, con cierta vergüenza, me dijo: “Nunca me han gustado las alturas, pero hoy subiendo con usted, no se, me ha gustado. Si, me ha gustado. A ver si ahora me va a dar por el circo, mi mujer me mata! Y se fue riendo.

No conozco otra sensación mas liberadora, mas pacífica, mas sabia.

Ahora en tierra, en la terraza de La Antigua Viña, todo resulta bajito. Yo, los vecinos y las vecinas, los perros, los coches y los camiones, todo, todos, estamos bajitos.
En el tejado yo no era Gulliver, pero ahora, sí soy un asombrado liliputiense.
Dulces alturas a todos y todas!

Caídas de culo.

08/01

La Antigua Viña /

Anocheció, es la hora del regreso. Vecinos y vecinas van volviendo a sus hogares, el rostro cansado, el paso apurado, no se sabe si por el frío, o por las ganas de llegar.
Pasa la vecina teatrera, paseando a Miss Daisy, su perra. Nos saludamos nos deseamos buen año, ella sigue su camino y yo la escribo.
Los niños y niñas del barrio, van sobre ruedas. Los bebés en sus cochecitos con gps, dvd y calefacción incorporada, y los mas grandes en sus patines de línea, el regalo estrella de estas fiestas, por lo que parece. El gesto del día, es caerse de culo en línea, reirse y levantarse.
Quizá esos niños y esas niñas, no sepan que en verdad, mas que jugar, están entrenando para la vida, que básicamente es caerse de culo y levantarse, el que puede, la que puede, y si no, una prenda tendrá, cantaba Antón Pirulero. En este caso las risas, te las debo.

Nicolás Guillén decía en su son “…Ayer ví a un niño jugando / a que mataba a otro niño / Hay niños que se parecen / a los hombres trabajando / Quien les dirá cuando crezcan / que los hombres no son niños / que no lo son, que no lo son, que no lo son/…”

La calle explota a bocinazos. Una manifestación de taxis se está agrupando en la esquina. Cuento quince, veinte, treinta. Han frenado, y colapsado una dirección de la avenida. Me llevo la silla a la esquina y me subo a mirar: todo cambia.
Vuelvo rápido al bar, dejo la silla, la hago una seña a Tino de que ya vuelvo, y subo a casa, voy al balcón. Desde allí, veo que la escena se está repitiendo en todas las esquinas del Paralelo. Son cientos, en cada coche hay tres o cuatro ocupantes y van en dirección al aeropuerto, donde ha surgido el conflicto. Va a ser una noche dura, llevan escrito en los rostros. Aquí habrá otras caídas de culo, pienso yo.

Vuelvo al bar, mi café frío y mi agua siguen en mi mesa. Un vecino dice, lo que haya pasado lo sabremos esta madrugada… por las ambulancias. No, los llevarán a Bellvitge, por aquí no pasarán, dice otro. Los que hablan, son habitués a media jornada. Ramo de la construcción.

Ahora ya han pasado todos, la calle vuelve a su ritmo, a su nivel sonoro -que con mucha práctica de terraza urbanita, consigues aislar- pero los semblantes de la gente en la acera, en el bar y en la terraza, no son iguales.
De un lado mas que del otro, pero todos compartimos rabia. “…San Berenito, todo mezclao, todo mezclao...” decía otro son.
Hace frío, y me han dado muchas ganas de leer a Nicolás Guillén, al lado de la estufa.
Buenas noches a todos y todas!

Orillas.

07/01

Bahía de Porto Mar/

Vivo en una orilla. La avenida Paralelo es la orilla que separa dos barrios, el mío, Poble Sec, y el otro, L’Eixample.
Vivo en una orilla. La de este mar, que se comunica con el océano a través de un estrecho con puertos, pero sin puertas.
Vivo en una orilla. La del deseo, en la otra, estas tu.

Este lunes es también la orilla de una semana que empieza con ganas, en ella me adentro, con la convicción de que finalmente llegaré a ese otro lunes al sol.

Soy orillero, estoy orillado, y me siento orilloso de tenerte al otro lado.
Siempre he sabido que lo maravilloso del centro, es que tiene orillas donde llegar y descubrir territorios imprevistos.
Hoy vamos a construir el puente mas largo del mundo, el puente mas hermoso, el único capaz de recorrer la distancia entre las comisuras de tus labios, las orillas de tu sonrisa, ancha como la de Amanda.
Entre esta orilla mía, de este mar, tan cuna de culturas y pensamientos, y esa orilla tuya, de río intenso, abierto al mar, está la distancia que permite unir. Entre esas orillas está la marea que separa para juntar.
Orilleando palabritas contruyo mi balsa, para naufragar en tu puerto.
Buena mar a todos y todas!

Esto se acaba.

06/01

desde mi ventana/

El mundo se ha acabado y no ha pasado nada. El año se ha acabado y no ha pasado nada. Flojitos los finales, no?

También se acaban las vacaciones y podemos soportarlo.
Se acabó la juventud y no nos dimos cuenta.
Se acabó el amor y seguimos
Se acabaron las balas y el fusil, cantaba Expósito.

Cada noche acaba un día y cada día acaba una noche, y el mundo rula.
El sueldo se acaba siempre antes que el mes, pero el mes también se acaba y un día, vendrá la primavera.

Se acaba una conversación y empiezan las caricias o las hostias.
Se acaban los argumentos, ahora quedan los motivos.
Se acaban la paciencia y las lágrimas.
Se acaban las alegrías, junto con el carnaval dice una chaya norteña.
Se acaba la guerra, pero la paz no llega, siempre empieza otra guerra.
Se acaba la película y empezamos a cenar.
Se acaba la tinta, entonces silbo.
Se acabó lo que se daba, pero si no daban ni la hora, digo.
Se acabó el frotar, ahora el buey solo bien se lame, dice el refrán.
Se acabaron las existencias pero seguimos viviendo, estando, existiendo.
Si acabamos juntos lo pasaremos bien.
Se acaba todo lo que empieza, dicen los que no empiezan nada.
Se acaban los sueños, quedan las noches.
Se acaba la salud, pero que bien lo pasamos, no?
Se acaba este escrito que no dice nada.
Se acaba el cuento de la buena pipa.
Y la pipa se apaga.