Día uno.

01/01/13

La Creperie/

Día uno del año trece, del segundo milenio.
Dicho así, la verdad es que impresiona. Pero sigue siendo solo otro martes sin carnaval, por muy sofisticado o apocalíptico que sea su alias.
Las calles están desiertas y hace frío, aunque no mucho. Todo está cerrado, solo encuentro abiertas algunas terrazas de bares chinos. Será porque están mas acostumbrados a esto de cambiar de año, no por nada ya van por el cuatro mil setecientos nueve, creo.

Anoche hemos celebrado el nuevo año, tan gafe, tan trece. Hemos cenado en familia, hemos comido las uvas de la suerte, una por campanada y la suerte es no atragantarse, claro. Luego, los jóvenes, han salido de fiesta. Ahora los pocos paseantes que me cruzo en la calle, tienen mas cara de volver, que de ir.
Hoy el mundo parece un barco a la deriva, El capitán y los marineros durmiendo la mona, mientras nos desplazamos sin dirección, sin previsión, ni futuro. Como si eso fuese algo nuevo. Hoy el mundo está cerrado, vuelva usted mañana.

Anoche, de una punta a la otra del planeta, nos hemos enviado millones de mails, whatsapp’s, sms, videoconferencias, deseándonos todo lo bueno, todo lo mejor, todo lo deseable. Besos, abrazos, amor, felicidad, salud. Tanto, pero tanto de todo, que no puede haber tanto para todos. Eso me suena.

Mañana, segundo día del año, tercero de la primera semana, del primer mes del año trece, volveremos a tener todo lo que no tenemos. Volveremos a regar ese sueldo que no alcanza para nada. Volveremos a estirar esos abrazos recortados en los que no cabemos, a dar besos en el aire, que de momento son los besos que voy dando, canta Sabina.
Mañana empezaremos a trepar por esta cuesta de enero, que mas que cuesta, ya se parece al Everest.
Pero hoy, en este día ausente de todo presente, en este paréntesis de un mundo inacabado (porque no se acabó, creo) tenemos la libertad de hacer lo que nos plazca, lo que hagamos hoy, no baja la nota para mañana.
Hoy podemos subirnos a una silla inglesa y gritar hasta desgañitarnos: Que se vayan estos, pero que no vuelvan los otros!
Yo por mi parte, voy a plantar mi silla en medio de la avenida y voy a gritar tu nombre a todo pulmón, y si me oyes, no será porque el mundo sea pequeño, sino porque mis ganas son grandes.
Buen principio a todas, a todos!

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