Error

Desamoros, desatintos y mas errores

La canción del suicida,
que loco de amor mató su corazón creyendo que era el de ella.
Titulo para un gesto,
para un instante.

Es abismo
el error,
es vacío.
Es la obstinación, que reniega de la curva
en el mismo instante de la caída.

El mundo es invención si estás del otro lado.

Cuenta el reloj,
el cuento del nunca se acaba,
pero se acaba.
Y la pipa se apaga.

En esta curva se estrelló un coche,
conté miles de veces,
sin saber que yo era conductor,
chasis, motor y curva.

No puedo estar allí si estoy aquí
me dijo mi propio cadáver,
saltando a las estrellas,
que estrellan la noche,
estrellándose la vida.

Cortázar

21/10

La Antigua Viña/
Domingo por la tarde. Hoy volví a escuchar, después de mucho tiempo, a Julio Cortázar en un disco grabado en 1966. Entre cuento y cuento, Cortázar “conversa” con nosotros desenfadado y cercano y nos habla sobre el tiempo. Sobre ese, su presente, en un París invernal -en el momento de grabar- y este otro momento, en que alguien como yo lo escucha en un futuro lejano y difuso para él, pero que es un presente concreto para mi.

Yo recuerdo que lo escuché por primera vez en 1967 o 1968, yo estaba en la casa de mi abuelo, donde viví hasta los 17 años. Estaba en mi habitación y supongo que el disco debía ser de mi hermano, no recuerdo si era verano, pero si recuerdo que había mucha luz. Jamás imaginé entonces, que diez años mas tarde, lo conocería en Madrid.
Fue en 1977, yo alquilaba una habitación en la casa de Zulema Kats, y una noche, en una fiesta, no recuerdo si era el cumpleaños de Zulema, vinieron Pablo Milanés, Silvio Rodriguez, Marilina Ross y… Julio Cortázar. fue una noche inolvidable, acabó de madrugada, con Julio y Marilina cantando a capela unas milongas inigualables!

Hoy Cortázar ya no está. Yo vivo en Barcelona desde 1979. Ahora es otoño.
Pero al escucharlo, el tiempo se triangula. Por un lado está el París de 1966, en invierno, con un Cortázar resfriado y vestido con un polo amarillo de cuello alto, mirando la nieve por la ventana mientras habla -graba- en el disco. Luego estoy yo, con 16 o 17 años, en Buenos Aires, en una habitación llena de la luz del sol y un Cortazar difuso, en un París también difuso. Por último, vuelvo a estar yo, pero esta vez solo, en Barcelona en otoño, escuchando la voz de un escritor muerto, como dice él, al inicio del disco.

En ese triángulo está casi toda mi vida, pero la voz de Cortazar sigue inmutablemente joven, mientras la mía en cambio se ha opacado con los años y mi pelo se ha vuelto blanco.
Pero aquí estamos, él y yo otra vez y por unos instantes Cortazar está vivo y yo tengo una vida entera por delante.
Después, he bajado a La Antigua Viña a fumar mi café, sin prisas.

Hacer otra cosa

Escribir
en papeles,
en pizarras,
en la arena.
Escribir en la piel,
en la punta de los labios.
Escribir en la memoria.

Escribir
cada día,
cada instante,
cada cosa
cada ahora

Escribir
desde ahora,
desde la distancia,
desde la presencia,
Desde una recta,
desde una curva,
desde un ángulo,
desde un vértice.
Desde mi mesa en la terraza del bar.

Escribir
de memoria,
de costado,
de mentira.

Escribir
sin escribir
sin tinta,
sin sentido,
sin acuse de recibo.

Eso sí, después hay que lavarse muy bien los dientes, para sacar los trocitos de palabras que se quedaron sin salir.

Caperucita roja

20/10

Patxoca/

La lluvia sigue impertérrita, y avisa que seguirá todo el fin de semana.
Protegido ahora por un toldo, me fumo mi café.
Hasta hoy no me había percatado que los paraguas son para los viejos, como las bicicletas son para el verano. Si, hoy la juventud prefiere el modelo unipersonal de las capuchas. Capuchitas rojas versus capuchas antisistema.
Cuidense los pobres lobos de las dulces caperucitas!

Y cuidémonos todos de los encapuchados policiales. Todas las familias ideológicas tienen y han tenido sus capuchas. De las capuchas puntiagudas de la extrema derecha racista y fascista del KKK a las capuchas con boina del terrorismo independentista de ETA, o la capucha revolucionaria y con pipa, del comandante Marcos.
Desde niños empezamos a admirar a las capuchas. Desde la capucha gótica del hombre murciélago, a la mini-capucha o antifaz, del zorro.
Superman, con un metalenguaje mas elaborado invierte la ecuación y despoja al héroe encapuchado de su ornamenta, previo camuflaje de su alter ego Clark Kent, y le atribuye el modelo de carey llamado gafas. En este caso el mundo se encapucha para descapuchar al superhéroe.
Y mientras la lluvia persiste, yo tarareo el tango: “sacáte el antifaz, alegre mascarita que te quiero conocer…” Que siga el corso.
Buen sábado pasado por agua a todas y todos!

La lluvia no es de derechas.

19/10

La Antigua Viña/

Y la lluvia nos moja a todos y a todas.
Facundo Cabral cantaba: “Y si llueve, me mojo. Y no me enojo, porque no encojo…”

Hoy la calle juega al escondite. Vecinos y vecinas corren de portal en portal, de marquesina en marquesina. Se lo piensan, toman carrerilla, y salen de su escondite y corren hasta el siguiente. Unos se ríen, otros protestan, pero todos se mojan.
Para que el juego sea mas emocionante, se incorporan las baldosas-trampa y los charcos, así en cualquier descuido, la lluvia nos puede saltar desde los pies, mojándonos de abajo a arriba. Los pocos parroquianos que bajo los parasoles, reconvertidos en paralluvias, siguen con su tertulia en la terraza de La Antigua Viña, hacen apuestas sobre quien pisa ese charco o pisa esa baldosa escupidora.

Y mientras la lluvia lava las calles, los coches aparcados y las farolas, mientras riega los árboles, las plantitas de los balcones y las cabezas de la gente, el gobierno hace sus juegos sucios con la Esperanza (que nunca se fue del todo) de que también se laven.
Hoy la prensa nos avisa que se prohiben las fotos o vídeos de la “acción policial” en las manifestaciones, es decir de las palizas impunes, de la represión fascista, de la violencia de estado a ciudadanos y ciudadanas.
Pero la lluvia no es tonta ni de derechas, la lluvia no lava los juegos sucios.
La lluvia solo los moja.

Despertares

18/10

Patxoca

07,45 de la mañana en el Patxoca. Día gris y previsión de lluvia para todo el fin de semana…
Ayer en el entreno creo que me hice un pequeño desgarro en la pierna, y me duele lo suficiente como para quejarme y por tanto, me quejo.
Con cara de no haberse despertado todavía, van llegando los alumnos a la Escuela, y según la escuela o la especialidad, la actitud cambia. Los de danza, son el “yo puedo”, los de actuación, los de “no puedo con mi alma”, los de dirección y los de escenografía, “todavía no me acosté” Los dramaturgos no están. Los imagino en sus casas escribiendo a todo insomnio.
Acaban de apagarse las farolas, ahora la luz es la que hay y no hay mas.
Cada uno despierta, cara al día, que se les viene encima.
Buen despertar a todos y todas!

Café cargado

17/10

La Antigua Viña

Miércoles por la tarde. Café cargado. Bueno, el cargado soy yo, no el café. Y no es una metáfora, sino que llevo una bolsa gigante de ikea, bastante pesada.
El día, por contra, es agradable, soleado. Ni frío ni calor. Levantado de la siesta, bajo a tomar un café, antes de ir al local de Gente Colgada a descargarme. Tampoco es metáfora, la bolsa se queda allí. Mi vieja impresora pasa a formar parte de la escuela de aéreos.
En el Paralelo, la vida transcurre tranquila, pocos pasos y a ritmo tranquilo. Algunos parroquianos en la terraza, disfrutan la tarde.
Pasa un skater con una maleta con ruedas, el patín sobre la maleta y el perro sobre el patín, algo así como una Babel urbana, pienso. Pasa una ciclista joven y guapa, nos miramos ella hace un gesto de: Te conozco? Yo le devuelvo otro gesto de: Ojalá!, nos sonreímos, ella sigue su camino y yo pienso si ese no sería también el mío.
Pasa un travesti grande como una montaña grande, que se cruza con un padre que lleva un cochecito de bebé con una mano y con la otra mueve divertido un sonajero, mientras balbucea unos sonidos que dudo que el bebé en cuestión, entienda. Padre y travesti se miran al descuido, yo pienso que lo masculino es un concepto amplio.
Cesar, el hijo de Marina y Tino se asoma a la puerta, con ese gesto que solo tienen los dueños de los bares cuando se asoman a las puertas. Llegan el encargado de la farmacia y su mujer, él se sienta en la terraza, para fumar y ella se sienta dentro para no verlo fumar, eso es el matrimonio, pienso. Cuando ambos acaban, se marchan juntos y abren la farmacia y la salud del barrio respira tranquila.