Caperucita roja

20/10

Patxoca/

La lluvia sigue impertérrita, y avisa que seguirá todo el fin de semana.
Protegido ahora por un toldo, me fumo mi café.
Hasta hoy no me había percatado que los paraguas son para los viejos, como las bicicletas son para el verano. Si, hoy la juventud prefiere el modelo unipersonal de las capuchas. Capuchitas rojas versus capuchas antisistema.
Cuidense los pobres lobos de las dulces caperucitas!

Y cuidémonos todos de los encapuchados policiales. Todas las familias ideológicas tienen y han tenido sus capuchas. De las capuchas puntiagudas de la extrema derecha racista y fascista del KKK a las capuchas con boina del terrorismo independentista de ETA, o la capucha revolucionaria y con pipa, del comandante Marcos.
Desde niños empezamos a admirar a las capuchas. Desde la capucha gótica del hombre murciélago, a la mini-capucha o antifaz, del zorro.
Superman, con un metalenguaje mas elaborado invierte la ecuación y despoja al héroe encapuchado de su ornamenta, previo camuflaje de su alter ego Clark Kent, y le atribuye el modelo de carey llamado gafas. En este caso el mundo se encapucha para descapuchar al superhéroe.
Y mientras la lluvia persiste, yo tarareo el tango: «sacáte el antifaz, alegre mascarita que te quiero conocer…» Que siga el corso.
Buen sábado pasado por agua a todas y todos!

La lluvia no es de derechas.

19/10

La Antigua Viña/

Y la lluvia nos moja a todos y a todas.
Facundo Cabral cantaba: “Y si llueve, me mojo. Y no me enojo, porque no encojo…”

Hoy la calle juega al escondite. Vecinos y vecinas corren de portal en portal, de marquesina en marquesina. Se lo piensan, toman carrerilla, y salen de su escondite y corren hasta el siguiente. Unos se ríen, otros protestan, pero todos se mojan.
Para que el juego sea mas emocionante, se incorporan las baldosas-trampa y los charcos, así en cualquier descuido, la lluvia nos puede saltar desde los pies, mojándonos de abajo a arriba. Los pocos parroquianos que bajo los parasoles, reconvertidos en paralluvias, siguen con su tertulia en la terraza de La Antigua Viña, hacen apuestas sobre quien pisa ese charco o pisa esa baldosa escupidora.

Y mientras la lluvia lava las calles, los coches aparcados y las farolas, mientras riega los árboles, las plantitas de los balcones y las cabezas de la gente, el gobierno hace sus juegos sucios con la Esperanza (que nunca se fue del todo) de que también se laven.
Hoy la prensa nos avisa que se prohiben las fotos o vídeos de la “acción policial” en las manifestaciones, es decir de las palizas impunes, de la represión fascista, de la violencia de estado a ciudadanos y ciudadanas.
Pero la lluvia no es tonta ni de derechas, la lluvia no lava los juegos sucios.
La lluvia solo los moja.

Despertares

18/10

Patxoca

07,45 de la mañana en el Patxoca. Día gris y previsión de lluvia para todo el fin de semana…
Ayer en el entreno creo que me hice un pequeño desgarro en la pierna, y me duele lo suficiente como para quejarme y por tanto, me quejo.
Con cara de no haberse despertado todavía, van llegando los alumnos a la Escuela, y según la escuela o la especialidad, la actitud cambia. Los de danza, son el «yo puedo», los de actuación, los de «no puedo con mi alma», los de dirección y los de escenografía, «todavía no me acosté» Los dramaturgos no están. Los imagino en sus casas escribiendo a todo insomnio.
Acaban de apagarse las farolas, ahora la luz es la que hay y no hay mas.
Cada uno despierta, cara al día, que se les viene encima.
Buen despertar a todos y todas!

Café cargado

17/10

La Antigua Viña

Miércoles por la tarde. Café cargado. Bueno, el cargado soy yo, no el café. Y no es una metáfora, sino que llevo una bolsa gigante de ikea, bastante pesada.
El día, por contra, es agradable, soleado. Ni frío ni calor. Levantado de la siesta, bajo a tomar un café, antes de ir al local de Gente Colgada a descargarme. Tampoco es metáfora, la bolsa se queda allí. Mi vieja impresora pasa a formar parte de la escuela de aéreos.
En el Paralelo, la vida transcurre tranquila, pocos pasos y a ritmo tranquilo. Algunos parroquianos en la terraza, disfrutan la tarde.
Pasa un skater con una maleta con ruedas, el patín sobre la maleta y el perro sobre el patín, algo así como una Babel urbana, pienso. Pasa una ciclista joven y guapa, nos miramos ella hace un gesto de: Te conozco? Yo le devuelvo otro gesto de: Ojalá!, nos sonreímos, ella sigue su camino y yo pienso si ese no sería también el mío.
Pasa un travesti grande como una montaña grande, que se cruza con un padre que lleva un cochecito de bebé con una mano y con la otra mueve divertido un sonajero, mientras balbucea unos sonidos que dudo que el bebé en cuestión, entienda. Padre y travesti se miran al descuido, yo pienso que lo masculino es un concepto amplio.
Cesar, el hijo de Marina y Tino se asoma a la puerta, con ese gesto que solo tienen los dueños de los bares cuando se asoman a las puertas. Llegan el encargado de la farmacia y su mujer, él se sienta en la terraza, para fumar y ella se sienta dentro para no verlo fumar, eso es el matrimonio, pienso. Cuando ambos acaban, se marchan juntos y abren la farmacia y la salud del barrio respira tranquila.

Hay que buscar

Hay que buscar,
lo que sea, como sea, donde sea,
pero hay que buscar.

Hay que buscar
en las carteras, en los bolsillos,
en los bolsos.
Hay que buscar en los pliegues de la ropa,
de las sábanas, en los pliegues de la piel,
en la de ella y en la de él.
Porque hay que buscar.

Hay que buscar en los cajones, en los armarios,
en los desvanes (cuando los haya)
Hay que buscar en la basura,
hay que ensuciarse los deditos,
buscando,
hay que romperse la espalda,
buscando,
hay que quedarse ciego,
buscando.

Entonces, habrá que buscar de memoria
y atravesar la historia,
buscando,
hasta llegar a las raíces,
buscando.
Si,
para arrancarlas de cuajo,
y levantando el puño
como si se tratase de una cabellera india,
gritar,
para desafiar a Dios.

Entonces y solo entonces,
seremos capaces de bailar
la danza de nuestros antepasados.

(año 2000)

Trapecio

Mi casa se balancea. Mi casa es una ventana en el aire.
Yo habito en ella y ella me habita a mi.
Jugamos a perseguirnos y a pillarnos,
ella no me deja caer, yo no la dejo escapar.
Yo me lanzo al vacío y ella me coge por los pies.
Nos abrazamos con desesperanza, borrachos de vértigo.
Nos aferramos el uno al otro hasta cortarnos el aliento.
Fuera de ella me pierdo, fuera de ella me hago viejo

Cuando era niño

Cuando era niño el mundo giraba del lado fácil.
Había tormentas de verano en las que el mundo naufragaba como el Titanic. Había arco iris que perseguían la estela de esos naufragios, como la cola del cometa Halley persigue el viaje soñado del cometa. Había una perrita, Laika, surcando el espacio y había también, carros de hielo surcando la ciudad, Había una hora, en la siesta, en que los niños dominábamos el mundo, y el mundo era mejor en esa hora, de lo que jamás será. Había tranvías amigos, que te llevaban a tu destino sin temor de la oscuridad. Había tardes reunidas en la mesa, donde las familias contaban sus secretos. Había tías viejas, como las tías de Cortazar, que preparaban licor de huevo que luego se escondían en los armarios, para los días fríos de invierno. Había noches de lluvia para los cuentos de terror, y había sueños que volvían cada noche a morderme los pies.
Cuando era niño, los pantalones eran cortos y los bolsillos largos, en ellos cabía el universo entero

La Palabra

Al despertarme de la siesta descubrí, que sentada sobre mi mesa, al costado de mi cama, una palabra me observaba en silencio. Tenia sus piernas colgando y las balanceaba rítmicamente. Sonreía, creo (no son fáciles entender los gestos de las palabras).
Lo primero que pensé sin mayor trascendencia, es que todavía seguía durmiendo y soñando, claro. Igualmente me levanté y fui al lavabo, me lavé las manos, la cara y los dientes (en ese orden). Ella estaba ahora sentada en la cisterna del wáter, con las piernas entrecruzadas, casi en flor de loto pero con los codos apoyados en las rodillas, una actitud que se me antojó muy «Peter Pan». Si, ahora estoy seguro que está sonriendo. Esto me tranquilizó, pero sin embargo, esta vez, sí, me chispeó una incomodidad anímica, no podía volver a utilizar el recurso de que todavía seguía durmiendo.
La palabra seguía allí.
Bueno, en realidad, ahora «allí» era la cocina, mientras me preparaba un antiácido para prevenir los efectos de la siesta en mi digestión.
Me acompañó risueña y silenciosa, durante todas las pequeñas acciones cotidianas, tal que vestirme, preparar y tomar el café, revisar el correo en el ordenador, revisar las notas para la reunión de la tarde, etc.
Reconozco que ya en esos compases del baile yo ya había recurrido a mi arma secreta: Mi perfil de friso egipcio. Y la exasperante minuciosidad en la pulcritud de las mas insignificantes acciones.
Normalizar. Lo que sea. Que una palabra con piernas se pasea, muda, por mi casa? Yo me enroco en mi rutina y listo.
Al regresar a casa por la noche ya no estaba. Entonces me percaté que no la había leido en ningún momento, ni ella dijo nada… Y por tanto, no se qué palabra era.

Fácil / Difícil

Descerrajar la madrugada a golpes de sol y luna.
Viajar a las estrellas, en cada charco nocturno.
Escalar las nubes, nadar los desiertos.
Eso es fácil si me miras.

Despeñarme entre las grietas de mi piel vieja,
Ahogarme en los murmullos,
perder mi alma con cuatro ases,
ante tu reina desnuda.
Eso es fácil si me cierras tus ojos.

Lo verdaderamente difícil,
es escapar al influjo -sea luz o sombra- de tu mirada.

Es esquivar la vida abierta de tu abrazo.