Invisible.

20/09

La Antigua Viña/

Cada tarde, ella pasa. Con sus años, con su vaguedad en la mirada, con sus migas de tristeza en la comisura de los labios.
De contextura sólida y voluminosa, su caminar, sin embargo, es ligero. Tiene en su andar algo mas sublime que la suavidad.

Es puntual, y tiene la minuciosa pulcritud en sus gestos, en sus mínimos actos, que solo da una vida vivida en soledad.
Mira lo indispensable, pero lo respira todo. Sus ojos dicen de la añoranza de la vida que no vivió, de las risas que no rió. Del amor que no usó, al decir de Juan Gelman.

Su ropa es negra, blanca o gris, sus faldas, rigurosamente vigiladas, como los trenes de Jiří Menzel, siempre diez centímetros debajo de una rodilla que nunca se hincó de placer. Siempre por penitencia, como el vivir.

Nunca supe si va o viene. Nunca lleva un paquete, una bolsa, que delate sus quehaceres, sus puertos. Simplemente, ella atraviesa el Paralelo, en dirección mar, y nunca vuelve.
Nunca habla con nadie, nunca nadie la saluda, solo es una sombra llena de luz, que pasa sin que nadie repare en ella. Tan equidistante de las tertulias, como de los pasos perdidos. A veces me pregunto si mi habilidad de observarla es señal de mi proximidad, quizás estemos hermanados en las sombras, ella con su paso, yo con mis letras, que como las migas ajenas de las terrazas, sacudes indolente con un gesto de la mano, al ocupar tu mesa.

Nunca me miró. A su paso yo intento que por una vez se sienta observada y clavo mis ojos en su transparencia, esperando una señal que nunca llega.
Un día simplemente dejará de navegar solitaria nuestra calle, y nada habrá cambiado, seguirán ladrando los perros, gritando los niños, y vecinos y vecinas seguirán ignorando su ausencia, igual que ignoran su presencia.
Yo la llamo Olvido. Para no olvidarla.

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

Que nunca dejemos de ser visibles, a todos, todas.

Casi domingo.

15/09

Desde dentro y fuera/

El aire se arremolina bajo unos nubarrones negros llenos de presagios que se desperezan indolentes. Las cortinas del salón, aún bailan la fiesta del sábado noche. Las ojeras de los vecinos delatan que han mirado mas de lo que toca y han tocado menos de lo que han deseado.
Amanecen de tormenta el cielo y el barrio.

15 de septiembre, la cursa de la Mercè atraviesa el Paralelo, y vista desde el balcón, esta gesta es aún mas heroica y humana. Cientos de corredores y corredoras luchan contra el desánimo, hoy todos somos un poco Forrest Gamp, hoy todos queremos salir corriendo y dejar atrás crisis, recortes, ausencias.
Los pasos perdidos del barrio los miran pasar sin ver, sus ojos ya no saben leer, y se quedan tambaleantes, sacudidos por tanto movimiento, por tanta corriente humanidad.

Bajo a La Antigua Viña, la terraza está animada y concurrida, ahora que la cursa ha terminado, algunos corredores se premian con su cognac y su tabaco, mientras su respiración jadeante, jadeadora y jodedora, tras diez kilómetros sin resuello, silba la traviata.

Comienzan a caer las primeras gotas y el barrio es una fiesta.
Buen domingo a todas, todos.

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

Volver…

13/09

La Antigua Viña/

Aquí estamos otra vez, La Antigua Viña y yo.
Hoy han vuelto de Galicia, Tino, Marina y Cesar, y aquí estoy yo, en mi mesa, con mi café fumado, mi agua, mi teclado…
Este es el verdadero cambio de estación. La vuelta al hogar, no tanto la de ellos, como la mía.

Tiempo de encajes.
No me refiero a bellos y sutiles bordados, ni a vaporosas telas de gasa, sino al encaje de las piezas de un engranaje, de una gigante maquinaria: La rutina.
Hoy mas que nunca, con La Antigua Viña encendiendo motores, el barrio vuelve a sus rutinas. Ayer ha comenzado, además, el curso escolar. Los últimos rezagados del período vacacional, han vuelto a sus quehaceres, a sus hábitos, a sus recortes, a su aquí no hay quien viva, pero seguimos viviendo, trenzando sueños o acumulando derrotas, creciendo o decreciendo según cada quien o cada cual.

Temporadas.
En líneas generales, la vida real es de temporada otoño-invierno. La temporada primavera-verano es mas una película, es ficción-documental.
Así, vecinos y vecinas, volvemos a ser el público que sale del cine con la cara pintada y embobada, hemos visto por un rato la vida en colorines, y ahora se vuelve a lo que se vuelve.

Rentrée?  Volver, cantaba Gardel.
Los franceses, que cuando hilan fino, lo hacen muy fino, no vuelven, ellos re-entran.
O sea, que vuelven a entrar en algo que no necesariamente se había detenido. Como bajar y subir al tiovivo -a la calesita-, en movimiento.
Nosotros, por contra, volvemos, comenzamos, empezamos. Como si todo se hubiera parado con nosotros, y por tanto al volver, hubiese de recomenzar todo. Una tarea para titanes, o para Carlitos Gardel, recostado en la barandilla de la cubierta del barco, cantando Volver.
Personalmente, me gusta mas ese saltito francés, esa mínima carrera con su salto en frenada, que se da para incorporar el cambio de velocidad al subir al carrusel.
Y en una de esas, además agarramos la sortija, mirá lo que te digo.

Hermosa luz fresca se mueve por el barrio, entre tanto vecina o vecino, entre tanto perro desconcertado que se ha quedado sin el colega de juegos, ahora que los chavales fichan su horario de entrada y de salida en las escuelas.
Luz que te eriza los pelitos y te pone la piel de durazno, decía mi madre, a quien no le gustaba nada la de gallina.

Día para disfrutar, tan viernes y tan trece de septiembre…
Buen viernes y buen aire, a todos y todas.

Tiempo que soy.

Extenso es el territorio.
Tierra formada por días, meses, años
Y mas.
Es la región que llamamos tiempo.

Desde esa geografía
Te miro fabricar minutos y segundos.
Donde el tránsito quieto
De pensamientos suspendidos
Deslumbra al alba silenciosa de los instantes.

El compás cierra círculos concéntricos,
Las manecillas del reloj
Marcan los compartimentos
Donde encerrada la espera
Cuenta las horas.

Tiempo prisionero de nuestras
Matemáticas.
Solo la distancia es mensurable
Porque el tiempo
Es la distancia mas larga
Entre dos lugares
(Tennessee Williams)

Tiempo que soy
Marca la distancia
Entre mi cabeza Y mis pies.
Entre mi sonrisa
Y mi perplejidad.

Septiembre de 2013

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

Destemplados.

08/09

Desde la frontera del verano/

Sábado, y el cielo explotó.
Una lluvia feroz, animal, inundó la ciudad. Cayó a degüello y quemó con agua el fuego último del verano. También ahogó voces y palabras y desbordó los torrentes sanguíneos del barrio.
Luego, volvió a ser solo cielo.

Ahora el aire se llama otoño y nos pone el alma en camisón.
Los paraguas se han cerrado, vecinos y vecinas abrimos los ojos, pero ya nada es igual.
Hemos transitado en un torrente las fronteras del clima.

De aquí en mas nos adentraremos en la ruta de la lana. Exploraremos las geografías de interior, cambiaremos la arena por las alfombras y al mar por el fuego del hogar, o el filamento de las estufas, cada cual con sus soles de ocasión.

Suene la orquesta!
Son estos los últimos bailes de las cortinas del barrio, con los últimos acordes, vendrán los días de cristales y velas quietas.
Se cerrarán las ventanas, los balcones y se contarán secretos. Se cocerán guisos y potajes.
Se ejercerán los amores bajo las nubes de pluma de los edredones,

Pero hoy amanece este domingo perplejo y fresco, y el sol nos dice que no está muerto quien se asoma, y que aún vendrán días de piel y playa.

Si me dan a elegir, prefiero el jersey a las camisetas y las botas a las chanclas, porque al revés que las bicicletas, las ciudades no son para el verano, y mi barrio no es una excepción.
Pero menos me gustan los desalojos y ver a este sol atrincherado y resistente me vuelca el corazón solidario y grito por él: Vamos todavía! Aguante febo y caliénteme la cabeza!

Es la esencia de las tragedias, dar feroz batalla, sabiendo que está perdida.
Serán los días de entretiempo dicen, como si se tratase de una estación baldía, de un secano brumoso donde bailarán los tirantes con las cazadoras, las bermudas con las perneras, los pelos de la lana con las epidermis depiladas.
Contrastado, no vacío / Contrastado está mi barrio / por los fríos y calores de las grandes pasiones y desgracias/ casi canta esperanzado Miguel Hernández.

Buenas y frescas, para todos y todas.

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

De musas y arañas.

06/09

Desde no se donde/

A veces el pensamiento enmudece. Se encasquilla, se atora, se detiene, y te deja en orsay. En fuera de juego, grita el referee.

Allí es donde habitan, dicen, desde siempre, las musarañas. Especies de nubecillas que se suelen poner delante de los ojos, según me cuenta The Free Dictionary, by Farlex, en la red.
Unicornios rechonchos, rojizos, sin cuerno y cara de ratón, pienso yo, recordando vagamente una imagen del libro El mundo de los animales. Uno de los tesoros de mi infancia.

Pensar en las musarañas, mirar las musarañas.
Por mi parte, y a pesar de la explícita imagen del libro, prefiero imaginarlas como las  musa-arañas, esas diminutas hadas que tejen susurros en los ojos y velos en los oídos para que te enredes en laberintos de pensamientos sin acto. Sin acto y sin memoria, porque a la que vuelves, se evaporan sin dejar mas rastro que alguna extrañeza inconclusa.

Así ando yo, enganchado a mis musarañas, hipnotizado por su laborioso y delicado hacer nadas.
Las nadas son como pompas de jabón, pero sin jabón y sin pompas.

Los dedos se quedan suspendidos sobre el teclado virtual, y los textos también se vuelven virtuales.
Virtuosa Virtual, para servirle a usted, me saluda la musaraña madre, haciendo una reverencia con sus bigotes de ratón, convencida de ser el unicornio azul.

En todo caso, prefiero pensar en mis musarañas, a estar en la luna de Valencia, que me resulta mas aburrido, castiga las cervicales, y además se te queda cara de bobalicón, con su característico hilillo de baba en la comisura de los labios de una boca mal cerrada..
Las musarañas en cambio, exigen concentración, en nada, pero muy concienzudamente.
Pero cuidado, las musarañas saben cantar como las sirenas y tejer como Penélope, y eso es extremadamente adictivo.

Buenas estrellas y si vais a conducir, moderación en el consumo de musarañas, a todos, todas.

Fin de fiesta.

01/09

Desde el alba/

Se respira, se bebe, se mastica.
Anda eléctrico el barrio. Y guapo. Tenemos, vecinos y vecinas, unos morenos en las carnes que si te acercas mucho, oyes el mar, te mojan las olas y se te llenan los ojos de arena. Por mirar lo que no debes.

Sábado y cierra agosto! Fue el grito de esta guerra.
Ahora amanece este domingo de septiembre, fresco e ingenuo. El barrio se despereza con la calma, con la suavidad de un clima que se humaniza.
Olor de pan recién horneado, y de amor recién acabado de hacer. Tienen los cuerpos las heridas de la paz, de la victoria, o la derrota de una guerra íntima y cruenta. Deambulan por la calle filas de corazones felizmente encadenados, otros respiran la furia de la soledad.
Paisaje después de la batalla, que se lo juegan a los chinos Juan Goytisolo y Andrzej Wajda, cada uno por su guerra.

Si este es el noveno mes del año trece, del segundo milenio, entonces me tocará leer 62 modelo para armar, sin protestar. Quizás ahora lo disfrute mientras me canto el cumpleaños feliz.

Pero ahora, en medio de esta calma plácida, de este domingo por estrenar, de esta luz amable que me ilumina el alma, nada es demasiado urgente y salgo a perder mis pasos por las calles del barrio.

Buen retorno, bonne rentrée dirán los franceses, a todas, todos.

Vuelos sobre abismos marinos.

28/08

Desde el trapecio/

Pensar desde el movimiento, balancear las ideas y zambullirse en el aire.
Y nadar, nadar, nadar en la nada, inventando las orillas.
El aire se bate, se agita, se corta, se macera, se espesa. Y se respira.

Abolir por derecho propio la dependencia del suelo, quemar las escaleras, los ascensores y las rampas.
Escamarse la piel tejiendo redes con las cuerdas y sumergirse en la profundidad de la brisa, para emerger sobre los puntos suspensivos del equilibrio.

Hierro y cáñamo.
Alguien que respira, que se aferra, que se suelta, que se lanza, que se amarra, que se encuerda.
Animal y vegetal, trenzan cuerpo a cuerda sus acuerdos, y mineral es la solidez del hierro que sustenta.
Juntos hacen el mundo y sus vueltas.
Juntos sublevan la gravedad. La ley y sus actos.

Buen vuelo a todos y todas.

Tierra mojada.

26/08

desde el Bahía do Porto Mar, o sea, desde la china/

Y al fin, la lluvia.
El clima pasa página y da por acabado el verano…. Un mes antes de que llegue el otoño, eso nos deja en tierra de nadie, en tierra mas mojada que quemada.

Anda hoy humedecido el barrio, pero se la suda, puestos a seguir con las humedades.
Van tranquilos y cerrados la mayoría de paraguas, como diciendo, esta lluvia no va conmigo. Contentos los vecinos y vecinas, nos dejamos regar como lechugas felices, aunque algunas y algunos ya esconden los brazos dentro de las mangas, y los pantalones les vuelven a llegar al suelo.

De ayer a hoy nos han cambiado la escenografía y el vestuario, habrá que ver si también nos cambian el género y pasamos del drama a la comedia.
Aunque algunos, en una noche, hemos dejado de ser galanes maduros, para ser el tío segundo, de la prima tercera de la madre de la protagonista… Cosas del teatro de la vida.

Garúa, mojabobos, txirimiri… Lluvia que viaja en el aire, lluvia que se respira, lluvia que sin caer te moja y te baña el alma. Lluvia que flota, lluvia en aspersor, lluvia de tango que nos escribió tristón, Enrique Cadícamo.
Que nos garúe finito, a todos y todas!

Hazaña.

25/08

Desde todos los ángulos posibles/

Despertarse en domingo, y transitarlo en cada una de sus horas, en todos sus minutos, en sus lugares comunes, en sus rarezas.

Seis cuarenta y cinco, abro los ojos, la luz agrisada que pasa por las celosías abiertas, me dice que el día está cargado de esperanzadoras lluvias, que habrá que disfrutarlo, todo lo que se pueda, todo lo que se sepa.

Desayuno amable conmigo en la cocina, mis tostadas, mi mermelada de naranjas amargas. Mi café con leche y mi adicción a las noticias en internet.
Luego sesión de jazz en el salón abierto de par en par. Elijo la música a juego con el baile de las cortinas. Todo se armoniza, escribo un rato, reviso otros escritos, y dos horas después, bajo a fumar un cafecito en la terraza del Bahía do Porto Mar, el chino brasilero que me ha dado asilo mientras La Antigua Viña esté cerrado.

La brisa -y la hay- nos avisa de que el verano llega a su fin.
Adiós al aire del desierto, al aire que quema los pulmones, al aire que mas que respirarte, te fuma.
Sigo escribiendo, sigo consumiendo noticias.

A la una y media, después de habitar la cocina con su picadita, su música su vinito blanco helado, y su plato del día bien preparado con alma de alquimista, hago mi cabezada.
Mis veinte minutos de gloria, y renazco de buen humor.
Lo celebro con un entreno de trapecio en la nave. Luego, como no me he muerto, me regalo un deambular por la ciudad en la moto, dejando que los semáforos en verde decidan el trayecto, y mirando al cielo para saber si me va a regar y crezco, o no.
No, el cielo está lleno de agua, pero no moja.

Eran las cinco en todos los relojes, gritó Federico García Lorca.
El calor vuelve a reclamar su territorio, pero no lo tiene fácil, las nubes, en plan Gary Cooper, desafían al sol a un duelo al mejor estilo de A la hora señalada.
Buena hora para ver una película en penumbras desde el sofá, con sus dosis de agua helada y humo, y para seguir con el western, elijo Pat Garrett y Billy The Kid, con James Coburn.
Cuando el sol baja, me animo a salir y hacer una caminada por el barrio, a hacer la ruta de las sombras. Llego a los primeros jardines de la montaña y un banco me llama por mi nombre, su sombra es amigablemente fresca, es amor al primer asiento.
El cielo es un espectáculo de luces que atraviesan los grandes nubarrones cargados de tormentas que no caen. Allí me quedo y vuelvo a teclear hasta que se encienden las farolas.
Vuelta a casa, y ya es noche.
Cuando el reloj da las diez, proclamo mi victoria.
He atravesado este domingo de un extremo al otro. Como un funambulista he bailado sobre el vértice afilado de horas y minutos.
Lo celebro con un whisky sin hielo y un buen blues.
Buena semana a todas, todos.