Invisible.

20/09

La Antigua Viña/

Cada tarde, ella pasa. Con sus años, con su vaguedad en la mirada, con sus migas de tristeza en la comisura de los labios.
De contextura sólida y voluminosa, su caminar, sin embargo, es ligero. Tiene en su andar algo mas sublime que la suavidad.

Es puntual, y tiene la minuciosa pulcritud en sus gestos, en sus mínimos actos, que solo da una vida vivida en soledad.
Mira lo indispensable, pero lo respira todo. Sus ojos dicen de la añoranza de la vida que no vivió, de las risas que no rió. Del amor que no usó, al decir de Juan Gelman.

Su ropa es negra, blanca o gris, sus faldas, rigurosamente vigiladas, como los trenes de Jiří Menzel, siempre diez centímetros debajo de una rodilla que nunca se hincó de placer. Siempre por penitencia, como el vivir.

Nunca supe si va o viene. Nunca lleva un paquete, una bolsa, que delate sus quehaceres, sus puertos. Simplemente, ella atraviesa el Paralelo, en dirección mar, y nunca vuelve.
Nunca habla con nadie, nunca nadie la saluda, solo es una sombra llena de luz, que pasa sin que nadie repare en ella. Tan equidistante de las tertulias, como de los pasos perdidos. A veces me pregunto si mi habilidad de observarla es señal de mi proximidad, quizás estemos hermanados en las sombras, ella con su paso, yo con mis letras, que como las migas ajenas de las terrazas, sacudes indolente con un gesto de la mano, al ocupar tu mesa.

Nunca me miró. A su paso yo intento que por una vez se sienta observada y clavo mis ojos en su transparencia, esperando una señal que nunca llega.
Un día simplemente dejará de navegar solitaria nuestra calle, y nada habrá cambiado, seguirán ladrando los perros, gritando los niños, y vecinos y vecinas seguirán ignorando su ausencia, igual que ignoran su presencia.
Yo la llamo Olvido. Para no olvidarla.

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

Que nunca dejemos de ser visibles, a todos, todas.

2 pensamientos en “Invisible.

  1. Gabriel Alejo dice:

    Parece que la conociera… Hay un cuento en esta postal. Muy bella, Jorge

    • Gracias Gabriel! Pareciera que con la edad tenemos acceso a descubrir otras ciudades dentro de las ciudades, otros barrios dentro de lo barrios, otros personajes, que siempre estuvieron ahí, pero invisibles para nuestra juventud. Ahora se nos presentan, se hacen visibles, como si ahora mereciéramos conocerles…
      AbraZo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s