Al fin ya es viernes

26/10

Patxoca/
Día lluvioso y gris. Una gran mesa de alumnos y alumnas. No quisiera ser el profesor del que hablan.
De pronto los alumnos se levantan y se van en manada a la escuela, pero sale Chan, la dueña del Patxoca y reclama que uno no pagó. Instante en suspensión, todos se miran y una se pone roja como un pimiento y con la cabeza gacha entra en el bar a pagar.
La terraza ha quedado casi vacía. Un parroquiano en una mesa y tres alumnos de dirección en otra, y yo en la mía, claro. Llegan tres bailarinas corriendo y una resbala en el suelo mojado, da tres vueltas y media pirueta, pero consigue controlar y mantiene el equilibrio. Sale una profesora con el casco de la moto puesto y se cruza con otro profesor que entra. Se quedan charlando, ella con el casco en la cabeza y él con la prisa en los pies, pega saltitos de urgencia hasta que finalmente sigue su camino y entra en la escuela.
Pasa la vecina vieja de los dos perritos que ahora lleva además una muleta y un gesto de dolor comprado en la farmacia. Una madre y su hija, bailarina, se despiden en la puerta. Parece que la niña se fuera a la guerra, con su mochila, su bolso, su cartera, sus auriculares, sus botas. «Si muero en el tatami, piensa en mi»
Se acerca un alumno a mi mesa y me pregunta si hoy puede presentar su trabajo, yo miro el planning de la clase y le respondo que no es que puedas, es que te toca.
Comienza a llover nuevamente, suavemente, casi diría, tiernamente.
Buen fin de semana a todas y todos!

Un día mas

25/10

Patxoca/

En mi mesa del Patxoca, viendo amanecer.
A veces todo se reduce a luz y sombras, a blanco y negro.
Uno a uno van llegando los alumnos, los profesores y los administrativos. La escuela se recarga y se prepara para una jornada mas. Teatro y danza en todos los frentes, en todas las aulas.
La calle está tranquila y gris y ya se huele el fin de semana. El otoño trepa por paredes y por los árboles, que todavía se aferran a sus hojas como los viejos nos aferramos a los recuerdos.
A mi mesa se han sentado dos alumnos de la escuela de danza. Mientras escribo les oigo hablar y mis palabras mudas se entremezclan con las sonoras de ellos… Llega una profesora y se sienta con nosotros y dejo de escribir…
Buen jueves a todas y todos!

Es noche el barrio.

24/10

Desde la ventana/

Es hora de latidos, de camas, de colchones, de cartones. Es hora de ronquidos, Este barrio esconde maletas debajo de las mantas y pasaportes vencidos en los desagües. Este barrio tiene puerto pero sabe mas de aeropuertos, de saltar fronteras. Este barrio se moja la espalda cuando se lava la cara cada mañana. Este barrio madruga aunque dios no lo ayuda. En este barrio, los dioses trafican influencias, marcan territorios, imponen aduanas.
Pero ahora, es noche el barrio. Es hora de latidos. Este barrio respira y transpira deseo, fornica con y sin amor, gime, suda, y se corre de madrugada. Este barrio que se llama pueblo y dice estar seco, se moja cuerpo a cuerpo, se llora, se inunda, porque hay tantos, pero tantos, kilómetros de vuelta a casa. En este barrio estamos lejos de todo lo que está cerca.

Cortázar

21/10

La Antigua Viña/
Domingo por la tarde. Hoy volví a escuchar, después de mucho tiempo, a Julio Cortázar en un disco grabado en 1966. Entre cuento y cuento, Cortázar «conversa» con nosotros desenfadado y cercano y nos habla sobre el tiempo. Sobre ese, su presente, en un París invernal -en el momento de grabar- y este otro momento, en que alguien como yo lo escucha en un futuro lejano y difuso para él, pero que es un presente concreto para mi.

Yo recuerdo que lo escuché por primera vez en 1967 o 1968, yo estaba en la casa de mi abuelo, donde viví hasta los 17 años. Estaba en mi habitación y supongo que el disco debía ser de mi hermano, no recuerdo si era verano, pero si recuerdo que había mucha luz. Jamás imaginé entonces, que diez años mas tarde, lo conocería en Madrid.
Fue en 1977, yo alquilaba una habitación en la casa de Zulema Kats, y una noche, en una fiesta, no recuerdo si era el cumpleaños de Zulema, vinieron Pablo Milanés, Silvio Rodriguez, Marilina Ross y… Julio Cortázar. fue una noche inolvidable, acabó de madrugada, con Julio y Marilina cantando a capela unas milongas inigualables!

Hoy Cortázar ya no está. Yo vivo en Barcelona desde 1979. Ahora es otoño.
Pero al escucharlo, el tiempo se triangula. Por un lado está el París de 1966, en invierno, con un Cortázar resfriado y vestido con un polo amarillo de cuello alto, mirando la nieve por la ventana mientras habla -graba- en el disco. Luego estoy yo, con 16 o 17 años, en Buenos Aires, en una habitación llena de la luz del sol y un Cortazar difuso, en un París también difuso. Por último, vuelvo a estar yo, pero esta vez solo, en Barcelona en otoño, escuchando la voz de un escritor muerto, como dice él, al inicio del disco.

En ese triángulo está casi toda mi vida, pero la voz de Cortazar sigue inmutablemente joven, mientras la mía en cambio se ha opacado con los años y mi pelo se ha vuelto blanco.
Pero aquí estamos, él y yo otra vez y por unos instantes Cortazar está vivo y yo tengo una vida entera por delante.
Después, he bajado a La Antigua Viña a fumar mi café, sin prisas.

Caperucita roja

20/10

Patxoca/

La lluvia sigue impertérrita, y avisa que seguirá todo el fin de semana.
Protegido ahora por un toldo, me fumo mi café.
Hasta hoy no me había percatado que los paraguas son para los viejos, como las bicicletas son para el verano. Si, hoy la juventud prefiere el modelo unipersonal de las capuchas. Capuchitas rojas versus capuchas antisistema.
Cuidense los pobres lobos de las dulces caperucitas!

Y cuidémonos todos de los encapuchados policiales. Todas las familias ideológicas tienen y han tenido sus capuchas. De las capuchas puntiagudas de la extrema derecha racista y fascista del KKK a las capuchas con boina del terrorismo independentista de ETA, o la capucha revolucionaria y con pipa, del comandante Marcos.
Desde niños empezamos a admirar a las capuchas. Desde la capucha gótica del hombre murciélago, a la mini-capucha o antifaz, del zorro.
Superman, con un metalenguaje mas elaborado invierte la ecuación y despoja al héroe encapuchado de su ornamenta, previo camuflaje de su alter ego Clark Kent, y le atribuye el modelo de carey llamado gafas. En este caso el mundo se encapucha para descapuchar al superhéroe.
Y mientras la lluvia persiste, yo tarareo el tango: «sacáte el antifaz, alegre mascarita que te quiero conocer…» Que siga el corso.
Buen sábado pasado por agua a todas y todos!

La lluvia no es de derechas.

19/10

La Antigua Viña/

Y la lluvia nos moja a todos y a todas.
Facundo Cabral cantaba: “Y si llueve, me mojo. Y no me enojo, porque no encojo…”

Hoy la calle juega al escondite. Vecinos y vecinas corren de portal en portal, de marquesina en marquesina. Se lo piensan, toman carrerilla, y salen de su escondite y corren hasta el siguiente. Unos se ríen, otros protestan, pero todos se mojan.
Para que el juego sea mas emocionante, se incorporan las baldosas-trampa y los charcos, así en cualquier descuido, la lluvia nos puede saltar desde los pies, mojándonos de abajo a arriba. Los pocos parroquianos que bajo los parasoles, reconvertidos en paralluvias, siguen con su tertulia en la terraza de La Antigua Viña, hacen apuestas sobre quien pisa ese charco o pisa esa baldosa escupidora.

Y mientras la lluvia lava las calles, los coches aparcados y las farolas, mientras riega los árboles, las plantitas de los balcones y las cabezas de la gente, el gobierno hace sus juegos sucios con la Esperanza (que nunca se fue del todo) de que también se laven.
Hoy la prensa nos avisa que se prohiben las fotos o vídeos de la “acción policial” en las manifestaciones, es decir de las palizas impunes, de la represión fascista, de la violencia de estado a ciudadanos y ciudadanas.
Pero la lluvia no es tonta ni de derechas, la lluvia no lava los juegos sucios.
La lluvia solo los moja.

Despertares

18/10

Patxoca

07,45 de la mañana en el Patxoca. Día gris y previsión de lluvia para todo el fin de semana…
Ayer en el entreno creo que me hice un pequeño desgarro en la pierna, y me duele lo suficiente como para quejarme y por tanto, me quejo.
Con cara de no haberse despertado todavía, van llegando los alumnos a la Escuela, y según la escuela o la especialidad, la actitud cambia. Los de danza, son el «yo puedo», los de actuación, los de «no puedo con mi alma», los de dirección y los de escenografía, «todavía no me acosté» Los dramaturgos no están. Los imagino en sus casas escribiendo a todo insomnio.
Acaban de apagarse las farolas, ahora la luz es la que hay y no hay mas.
Cada uno despierta, cara al día, que se les viene encima.
Buen despertar a todos y todas!

Café cargado

17/10

La Antigua Viña

Miércoles por la tarde. Café cargado. Bueno, el cargado soy yo, no el café. Y no es una metáfora, sino que llevo una bolsa gigante de ikea, bastante pesada.
El día, por contra, es agradable, soleado. Ni frío ni calor. Levantado de la siesta, bajo a tomar un café, antes de ir al local de Gente Colgada a descargarme. Tampoco es metáfora, la bolsa se queda allí. Mi vieja impresora pasa a formar parte de la escuela de aéreos.
En el Paralelo, la vida transcurre tranquila, pocos pasos y a ritmo tranquilo. Algunos parroquianos en la terraza, disfrutan la tarde.
Pasa un skater con una maleta con ruedas, el patín sobre la maleta y el perro sobre el patín, algo así como una Babel urbana, pienso. Pasa una ciclista joven y guapa, nos miramos ella hace un gesto de: Te conozco? Yo le devuelvo otro gesto de: Ojalá!, nos sonreímos, ella sigue su camino y yo pienso si ese no sería también el mío.
Pasa un travesti grande como una montaña grande, que se cruza con un padre que lleva un cochecito de bebé con una mano y con la otra mueve divertido un sonajero, mientras balbucea unos sonidos que dudo que el bebé en cuestión, entienda. Padre y travesti se miran al descuido, yo pienso que lo masculino es un concepto amplio.
Cesar, el hijo de Marina y Tino se asoma a la puerta, con ese gesto que solo tienen los dueños de los bares cuando se asoman a las puertas. Llegan el encargado de la farmacia y su mujer, él se sienta en la terraza, para fumar y ella se sienta dentro para no verlo fumar, eso es el matrimonio, pienso. Cuando ambos acaban, se marchan juntos y abren la farmacia y la salud del barrio respira tranquila.

Naftalina

16/10

La Antigua Viña/
Bienvenidos al día de la naftalina! Hoy la calle se ha llenado de los primeros abrigos. Cazadoras, jerseys, chales, conviviendo sin pudor, con las ojotas, las camisetas de tirantes o de manga corta…

Pasa una pareja, ella envuelta en un pañuelo palestino enroscado como una pitón a su cuello y botas para pisar bichos en la jungla, y él, con ojotas havaianas, camiseta y bermudas y sin embargo parecían felices.

Pasan pies desnudos, pies vestidos, pies envueltos, pies tapados, pero todos hacen lo mismo, todos caminan la misma calle. Las rebecas están a la orden del día, en todos los colores y modelos posibles, pero todas huelen igual: Armario y amor. Es decir, a naftalina.

El cielo es de un azul lavado y el sol es frío. Hoy cada quien vive en su propia temporada, hoy los relojes no dan todos la misma hora. Pasa una mujer joven con zuecos y calcetines de rombos, pasa un vecino con sandalias y camiseta roja y tirantes azules, pasa una mujer en silla de ruedas con una mantita a cuadros, que le tapa hasta los pies, pasa una mujer mayor con paso displicente, limándose las uñas de la mano. Pasa un jersey largo o un vestido corto, según quien lo mire.

Y pasan teléfonos, teléfonos y mas teléfonos. Inteligentes o tontos, pero todos albergan secretos, noticias urgentes, encuentros, despedidas y todos les hablan a sus dueños al oído, y yo recuerdo a Gonzalez Tuñón, que quería abrir toda la correspondencia del mundo, para ver si alguien decía una palabra, aunque fuese solo una, para él. Buen martes a todas y todos!

Domingo

14/10

La Antigua Viña
Domingo con sol de otoño. Las 12 del mediodía. La calle está tranquila, en las terrazas se sirven los vermuts, con sus tapitas, sus cañas, sus bravas. «Donde estarás mejor, rey?» Le espeta Marina a un parroquiano viejo, mientras le sirve primorosamente sus olivitas, su vinito y su cenicero verde, como el unicornio azul. Un desesperado intento de gritar: El mundo está en orden y que el sol salga por Antequera, si quiere. Pasa un grupo familiar al completo, vestidos para la misa y preparados para las hostias. Pasa una sombra sin dueño, pasan dos sonrisas y un cigarrillo encendido. Pasan preguntas sin respuesta, pasa un niño sabio. Pasa una nieta con mp3 y un abuelo sordo. Paso yo y me saludo. Sentado a mi mesa, me veo alejarme despreocupado y feliz. Pasa una niña con patines en linea, directa hacia un futuro perdido. Pasa el gigantón argentino de la portería del costado y me saluda, «chau, pibe!», Nos sonreímos y el mundo entero saca el pan del horno. Una niña aterriza de bruces en el suelo sin paracaídas. Pasa la mujer de mis sueños, justo cuando estoy despierto. Pasa un barrendero recogiendo del suelo los deseos perdidos en la noche del sábado. Llega Daniel, el camarero de La Antigua Viña, con una camisa latina, negra, con dibujos de fuego, rojos, dorados y azules y una sonrisa de «Victoria, hemos batido al enemigo!» Detràs llega Laura sin su galgo, pero igual llega con la lengua afuera. Y mil perros persiguiendo las bicicletas de cristal de Spinetta. Buen domingo a todos y todas!