Déjà vu

24/08

Desde el Bahía do Porto Mar /

El cielo se ha llenado de presagios, queda así el alma liberada y puede recostarse indolente al filo de las horas, como ese perro que se echa a mi lado y bebe las sombras de ese árbol.
Lleva el barrio el paso cansino y la mirada ausente, perdida en otro tiempo, como la de algunas fotografías antiguas, que se quedaron mirando la vida que ya no está.

Tiene este instante, tantos minutos, tantas horas, tantos días acumulados, habitándolo respirándolo, que el tiempo se le desborda, cae y se hace añicos. Esos trocitos pequeños de los años que vamos viviendo, me dice mi vecino murciano.
Tiene esta tarde el sabor de otras tardes, de otros barrios, de otros veranos.
De otra vida que también viví.

Noche de verano volada y a la carta.

23/08

Desde el aire, aún/

Poned el día a macerar en calor ambiente, relleno de nubes oscuras, de las que prometen pero te dejan con las ganas. Como algunas sandias, o algunos melones, que a cada uno lo suyo o lo que le plazca, oye.
Al llegar la noche, echadle un salpicado suave de brisa fresca, lo justo para que no se queme ni se enfríe.
Mientras tanto, preparad una selección de música de la que eriza el alma, una buena bebida, mejor sin hielo, algún vicio que entretenga pero que no distraiga demasiado, y tendréis la noche de verano perfecta. La que se ama, la que se odia.
Se la ama por lo exuberante, se la odia por lo excesiva.
La misma cara de monedas diferentes.

Vuelvo al barrio a paso tranquilo.
Después de andar volando, al bajar, solo se puede caminar a paso lento, besando el suelo con los pies.
Después de andar volando, la superficie del suelo, es siempre una profundidad.

Tiene esta noche, mi barrio, la respiración caliente y entrecortada, tiene las miradas afiladas y el deseo rabioso de vivir en la punta de la lengua, a pesar de Xavier Durringuer.
Mozas y mozos se arremolinan en las esquinas, en los zaguanes. Se buscan, se rozan, se muerden, se repelen, se atraen, como en un texto de Oliverio Girondo.
Anda literario el barrio.

Buena noche, buenos calores y buenas lecturas, a todos, todas.

Por prescripción médica.

21/08

Desde ningún lugar/

Hay días que duelen. No son los huesos, no. No son estos órganos oscuros y gastados de tanto andar durando, tampoco. No son estos ojos miopes, pero que aún ven mas de lo que miran, ni estas muelas compradas de rebajas para morder tanta rabia, doctor.
No, lo que me duele es el día.
Me desperté con un dolor agudo clavado en el alba, que me atenaza feroz en este cielo sin paladar, que me palpita en estas nubes hinchadas en la sien.
Y para colmo, esta temperatura que no remite.
Es el día doctor. Que yo lo se.
Es la indolencia de estas horas sin rumbo, es este miércoles sin cenizas ni carnaval que enterrar, enquistado en medio de esta semana amarga que tragamos sin masticar. Estos minutos corruptos que no pasan, ni responden a los antibióticos del alma.
Este día es un virus doctor. No es una cuestión de temperaturas, que eso ayuda, pero no, no es este calor irracional, ni esta sequía de lluvias y alegrías, ni este cielo sin rastros de oasis. Eso se aguanta doctor, no, lo que me supera es este sopor de horas vacías, estas cáscaras de minutos perdidos, este mar de los sargazos que nos aprisiona en medio de la nada, o peor, en medio de la ausencia, que es la nada mas nociva.
Déme un jueves pleno doctor y verá como se me pasa.
Que yo lo se.
Buenas recetas y salud pública universal y gratuita, para todas y todos!

Hay maneras de volar.

20/08

desde arriba y abajo/

Hoy el clima gira la esquina y se va subiendo la cuesta.

En la mañana brisa fresca que viene del mar, que riega de movimiento los rincones quietos de la casa y del alma.
Bailan las cortinas y los papeles de mi escritorio, baila el móvil de mi salón y baila mi pelo sin complejos ni peines. Bajo a la calle y allí bailan vecinos y vecinas. Y entre tanto baile, se pintan sonrisas en los ojos.

Anda de temprano mi calle con el tranco suave.
De paseo o trajinando, pero todos respiramos este aire amigo, esta brisa amante.
Día para pasear por el barrio, para charlar de parado en cualquier esquina, para ser vela desplegada y dejarse llevar…

Así las cosas, me planto en mitad de la calle con los brazos abiertos y espero esa ráfaga intensa que me lleve hasta ti. Lejanamente me arrollan los coches, lejanamente se desparrama este cuerpo volador. Si en la lejanía ando atropellado, en tu cercanía ando amoriando, y si me dan a elegir…
Pero anda la cintura mas suelta y torera que nunca y esquiva el parachoques con mi nombre escrito en luces de neón.
Vuelvo a mi mesa y me fumo otro café. El de los vivos.

Y de retruco, al mediodía, me voy a volar.
El clima me oye y vuelve corriendo a quemarnos y mojarnos de nosotros. Si este sol que creí derrotado es una estrella, y me consta que lo es, sería justo decir que es una solaza que se las trae y se las lleva. Y las vuelve a traer.

Le digo al trapecio, mirando su alma, si me acuerdo en tus cuerdas, no me dejes caer mas allá de mis pies, no me pierdas contacto. Si me acuerdo en tus cuerdas quiero que me recuerdes, que acordemos la cordura, para disfrutar de la locura.
Firmamos y volamos.

Vuelvo a mi cocina, que me alimenta, y de ahí doy de cabeza en mi almohada. Por treinta minutos, señor, no por treinta dineros. Treinta sueños fue la traición, maldita biblia.

Arde la tarde y vuelven la brisa y el mar, se vuelven los cielos dramáticos. Bajo a la tertulia, a mi calle, a mis vecinos y vecinas.
Buen anochecer a todas y a todos, y buena luna.

Allá sopla!

17/08

desde mas de un puerto/

Anochecidamente el barrio y yo.
Asomado al balcón, como si estuviese trepado a la cofa del mástil desde donde un día gritaré: «Allá sopla!» y eso será cuando aviste a la última ballena blanca del Paralelo.
Mientras tanto, mi calle vista desde aquí se mueve como pez en el agua.

En interiores, Cassandra Wilson hace los honores, y me concede su voz en privé.
Viejos temas para estas viejas orejas que aún saben lo que escuchan.

Ferragosto, el verano deja ver su otra mejilla.
No hay mejor momento que la segunda quincena de agosto.
Vendrán con ella las tormentas y las noches serán frescas y el verano será al fin vulnerable, como lo bello.
Le habremos ganado un año mas a Marte la batalla.
Al calor se lo aguanta, al frío se lo combate. C’est la différence, me dice mi termostato interno.

Tiene el final de verano esta suerte de confrontación de fuerzas naturales, que nos libran al temperamento brutal de los dioses. Tiene, el alma quemada y la piel encendida, tiene vocación de tempestad entre las sábanas, en él, todos somos náufragos aferrados a un barril de pólvora.

En la oscuridad de mi noche no se si es la brisa o son tus manos que juegan con mi pelo, que desordenan mis ideas…

Amanece bondadoso el día, para todas y todos.

Ferragosto.

14/08

Desde la nevera/

Contra el calor, días interiores, días para disfrutar de las sombras.

Oscurecerlo todo y dejar que las estancias umbrosas de la casa se llenen con la voz oscura de Ella Fitzgerald.

Al calor se le gana con el fuego.
Quedarse inmóvil, suspendido, aletargado.
Ser desierto uno mismo. Ser el sol que raja, ser el aire caliente que incendia los pulmones, ser fuego, que de lento se hace quieto.
Ser brasa en tu abrazo.

Inmóvil el lagarto recoge calor. Inmóvil yo, me enfrío.
El lagarto y yo, por hacer lo mismo, somos tan diferentes.

Días extremos.
Arde la calle, arde el estómago, arde la cuerda que me quema la piel cuando vuelo.
Arde París, pero mas arde Barcelona. Quema tu ausencia, pero arde mas tu presencia.
Riesgo de incendio en los bosques y en los corazones, nos avisan los papeles de la mañana.

A la hora señalada.
Sale por el oriente este sol cocinero, sol chef, que trae sus cuchillos afilados, sol con su sal para las carnes abiertas, sol que trae sus propios fuegos y no son fatuos.

Receta.
Plantar oasis en el alma y regarlos de sudor y lágrimas, zambullirse en la arena caliente y nadarla a brazo partido hasta llegar a la orilla refrescante de la noche y mojarse con su lluvia de estrellas.
Mientras escribo, una gota lenta baja por mi frente y estalla en mis ojos inundándolos de océano.
Allí nace la isla donde me habitas.
Buenas sombras, a todas, todos!

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

Te gusta conducir? … (BMW)

13/08

Desde la memoria del viaje/

La carretera es una línea que atraviesa el territorio y tu transitas esa línea montado sobre la mejor moto del mundo, posiblemente. (la mejor moto del mundo de verdad, es la que te lleva siempre a casa).

Conduces.
La posición de conducción es la que te pide el cuerpo, el asiento del conductor es el que te pide el culo. El ancho del manillar en línea con los hombros y la altura de sujeción por debajo, que es la mas cómoda. La espalda recta, el parabrisas eléctrico elevado a la altura justa, el protector ahumado del casco bajado… y unos buenos blues, la mejor música.

Velocidades.
La elección de la música ya es una elección de velocidad de crucero. El blues no es para adictos a la velocidad, el blues es para adictos al viaje.
Luego están las otras velocidades, la que percibes en relación a los puntos móviles de la carretera, o al punto fijo en el horizonte, o a los puntos fijos en el lateral. Pero la verdadera velocidad, es la que ves en el pavimento, justo alrededor y debajo de tu bota.

Bailas?
La moto se conduce de cintura. El manillar solo os acompaña. Eres tu quien se mueve y ella te sigue, bailas con ella. Los primeros kilómetros son para adaptarse, para enlazar, para acoplarse, ella y tu, luego empieza el viaje.

Eres paisaje.
Eres tu quien se sumerge en la línea de flotación del horizonte, quien escribe el paisaje, cambiante según tu inclinación, eres tu quien en esa curva cambia el ángulo de visión del bosque, de la montaña, quien le mira indiscreto los bajos a ese camión de mercancías. Eres tu y tu baile, quienes se visten del color del amanecer, quienes brillaran bajo un sol sin sombra, quienes se pintarán con las luces rojizas del atardecer.
Tus ojos ya han dejado de mirar de frente, ahora barren como un scanner el paisaje, leen los escollos, los obstáculos, y los salvan sin mirarlos.

Repostar.
El cuerpo y la máquina te avisan de sus necesidades. Ella quiere enfriar y repostar gasolina, tu quieres estirar las piernas, beber agua, mear y echarte unos humos. En el descanso, el paisaje se inmoviliza, se pinta, se imprime como una postal del verano.
En la pausa eres lo mas parecido a un buzo en tierra, te arrastras bajo el peso de tu equipo y las botas te clavan al mundo quieto.

Después de mojarte la cabeza en un grifo amigo, retomas el viaje con el agua chorreando debajo del casco.
El mundo y el sol bailan contigo, Eric Bibb os pone la música, entonces sabes que el placer de llegar es siempre menor que el placer de viajar.
Buena ruta y largos kilómetros, a todas y todos!

Yo siempre estoy volviendo… (Troilo).

11/08

La Antigua Viña/

Volver.
Después de diez días de ausencia, me recibe mi calle sin aspavientos, con la amistad tranquila que le caracteriza.
Sigue en mi silla habitual de la terraza de La Antigua Viña, el bajorrelieve largamente trabajado por mis posaderas, donde me acomodo, sin extranjerías ni reproches.
Hay aún en mi mesa manchas de letras antiguas, de esas que no se borran con un paño, ni que esté humedecido en lágrimas o sudores.
El andar de vecinos y vecinas se ajusta al tiempo de mi mirada. Tenemos mi barrio y yo este ritmo compartido que nos hermana. Tenemos también este calor que derrite las piedras, que calienta las cabezas, que desboca los corazones y atempera el alma.

Tertulia amena con los habituales, Hoy recibo en mi mesa. El amante de la ciencia ficción y su compañera la novia roja, y rizos de oro. La mesa está al completo, y bien servida, yo fumo mi café, ellos se beben las birras. Los cuatro nos echamos los humos.
Último día de La Antigua Viña, mañana Tino, Marina y Cesar se van a Galicia a pasar sus vacaciones. El devenir augura un mes paria, buscando asilo en otras terrazas. Es lo que toca, y la china del Bahía de Porto Mar, asomada a la puerta. me sonríe ganadora.

Desde mi mesa y mirando al cielo, veo al descuido el baile que se montan en solitario mis cortinas, ellas ondean con voluntad marina, con ansias de mar, con ansias de aquellos otros vientos alisios, esos que te hacen viajar hasta tus islas interiores, mientras un sol de injusticia nos solivianta a todos y todas.

Bienvenido, me dice el caniche blanco de David Niven, mientras apura un plato con agua fresca, que su socio le pasa bajo la mesa, con gesto y mirada clandestina.

Es en este instante en que la vida se vuelve cotidiana y pacífica, en que confirmo que yo también tengo un lugar en el mundo. Y que me gusta ese lugar.
Buen retorno y buenos reencuentros, a todas, todos!

Oblivion.

07/08

No puedo recordar desde donde/

Me olvido. Me olvido tanto.
Tienen abismos los recuerdos, puertas que te lanzan al vacío mudo del olvido.
Y caes, y caigo.

Carcoma de la vida vivida.
Borrador de islas. Láser que te quita los tatuajes del alma.
Maldito olvido. Yo te maldigo porque me despojas de mis horas llenas, me pelas como a una naranja, tiras mi piel, te comes mis gajos y me dejas pellejo, seco.
Secano.

Maldita seas oscuridad devastadora, que me has dejado su rostro sin su nombre, me has dejado caricias sin manos, piel sin olor, ojos vacíos. Piezas rotas de un puzzle que ya no puedo recomponer.

En la habitación de Fermín conocí a un hombre que para no olvidar, escribía todo en todo. Cama en la cama, mesa en la mesa, libro en el libro, sueño en la almohada, amor en la ausencia, en el vano de la puerta por donde ella se fue una vez.
Pero el olvido, como el mar, arrasa sin emoción los pueblos construidos en la memoria, ese otro plato en la balanza de la vida.
Horas en blanco sobre el negro del insomnio deletreando letras que hagan chispa y enciendan esta memoria humedecida.

Olvido, eres la herida del cuchillo que descascara las estrellas y nos deja de la noche, solo la oscuridad. Te declaro mi enemigo, mas que al dolor. No me conformo ni me rindo, no me entrego a tus flechas ni a tus besos.
Devuélveme los rostros, los nombres, los actos, todos. Devuélveme su voz y el brillo de sus ojos.
Devuélveme la pena, la alegría.
La ligereza con que aposté mi vida.

Buena memoria a todas y todos.

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

Matinée en el mar.

05/08

Desde la terraza abocada/

Te despiertas. Ya antes de abrir los ojos, la luz te enciende los párpados de rojo intenso. A pesar de las duchas -en la playa primero y en la casa después- tu cama se empeña en llevarse restos de arena, restos de esa playa que se viene contigo, restos de las mareas y sus olas, con sus gaviotas que te picotean los sueños, que vuelan en círculos planeando sobre tus islas.

Te levantas. El aire es caliente y huele a mar, mezclado con el olor del café con leche del desayuno, con el del pan tostado y crujiente, con el de la mermelada de fresa y mandarina.

Te sumerges. La ducha te inunda, te renueva, te lava los vestigios de la noche, y el vaho del espejo te convierte en un fantasma borroso. Desenfocado, filmó Woody Allen.

Emerges. Eliges la música para esta mañana, Ella Fitzgerald en mi caso. Fumas el tercer cigarrillo, que debería ser el primero, y mientras fumas, silban tus pulmones la suave melodía de I Ain’t Got Nothing But The Blues.

Descubres. Tus dedos, a tientas, encuentran el lugar secreto que señala el marcador escondido entre las páginas del libro. Allí están suspendidos los personajes y sus acciones, tal cual los dejaste ayer, esperando que tus ojos les devuelvan el protagonismo y la vida.

Navegas. La brisa baila las pesadas cortinas opacas de la terraza, y la penumbra protectora se mueve, se ondula y en las paredes blancas se representan nuevamente la marea y las olas. Es en esas paredes que naufraga la inquietud.
El mundo queda lejos hoy. Hoy solo estás cerca de todo lo que no está, como tu. Están vacías las horas hoy. La gracia está en dejarlas como están y flotar de espaldas.

Buena balsa a todos y todas.

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman