A mi tía Coca

10/10

La Antigua Viña

Implacable, brutal, devastadora.
Y tantos mas adjetivos. Pero ni juntos ni por separado la contienen ni la nombran,
como mucho, solo arañan su sombra mezquina.
Nosotros, tan aferrados a las palabras, nuestra única munición ante el abismo,
no buscamos ya entender, sino tan solo soportar su presencia insoportable.

Aquí me despido de vos, mi «tía catalana» ahora que has apagado tu motor fuera borda,
esa energía desmesurada y valiente, esa arrolladora forma de vivir de contagiar vida a los cuatro vientos.
Ahora te toca descansar, nosotros guardaremos tu recuerdo

Personajes

09/10

Patxoca

Martes, clase de 8,30 a 12,00. Café tempranero y amaneciente a las 7,30 en el Patxoca, y ahora café conclusivo en la Antigua Viña.
Entre uno y otro, tantas vidas. Es lo que tiene el teatro, que sales manchado de vidas ajenas, vidas en construcción. Y que como el cemento o la pintura, manchan cuando están frescas. Las vidas reales, estas que ahora caminan delante mio, mientras fumo sentado en la terraza, tan ciertas como las baldosas de la acera, y como ellas, a veces tan rotas, gastadas y pisadas, no manchan. Y aunque sorprendan, interesen, seduzcan o rechazen, solo pasan y se van, cabalgando sobre sus dueños.
Pero las vidas ficticias del teatro se nos pegan en la piel, nos entran por los poros hasta el alma y la contaminan y al no tener cuerpos propios que se las lleven a cuestas al acabar el ensayo, se adhieren y se cuelan en el nuestro. Como el olor del tabaco que llevo siempre conmigo y que ya no me abandona ni en la ducha.

Eternamente

07/10

La Antigua Viña
Después de una mala noche, me he despertado con un mal presentimiento en el cuerpo: Que con la marcha del Brasilero, se vayan también las mulatas caribeñas, almas rebozantes de vida y carne que iluminaban la calle y los ojos de los tertulianos, y en especial, los míos. Las imagino a ritmo de samba y cumbia extraviadas en otros barrios, iluminando otras miradas oscuras.
Mi acera y yo, por lo que pudiera pasar, ya añoramos su contoneo, sus risas francas y sonoras, sus geografias redondas. Nada es eterno y menos las alegrías, dicen los agoreros, pero yo les respondo, que el deseo que nos han regalado durará toda la vida, que es la única eternidad posible, aunque sea cortita.

Blanco y negro

06/10

La Antigua Viña

Me gusta el blanco y negro.
En la fotografía y por extensión en el cine. Me vienen a la retina de la memoria joyas del neorrealismo italiano, o los destellos únicos de fotografos como Bresson, o hasta las fotografías de mi infancia, sin ir mas lejos.
Pero otra cosa es lo descolorido, y no me refiero a la palidez de la enfermedad, ni de las emociones desvastadoras, no. Lo que no aguanto son las ideas, las ideologías descoloridas, como esas izquierdas que escriben de derecha y se llaman de centro, o esos amores de hábitos sin pasión. Esos días anodinos, sin sol ni lluvia, esas tormentas sin truenos ni relámpagos.
Estas noches sin sueños, estos días sin deseo.
Esta rutina de envejecer sin sobresaltos

Foto de Patricia Ackerman. (gracias Patricia!)

De chinos

02/10

La Antigua Viña

Traspaso silencioso. El otro bar de mi portería, el brasilero, (donde una noche el roce fugaz de una paulista, me devolvió a la orilla de los vivos) El Bahía de Porto Mar, ha cambiado de dueños.
La familia china que yo creí nuevos trabajadores, eran, son, en realidad los nuevos amos. Ahora, de momento, es un brasilero de chinos. Tiene el mismo nombre, sigue teniendo un rótulo menor: «Bar del Brasil». Y al menos uno de los camareros es brasilero. Esto no es nuevo en el barrio, bares emblemáticos han pasado a manos de familias chinas. Dos mas, que me son muy propios:
El Patxoca, el bar que está pegado a la entrada trasera del Institut, donde suelo amanecer en invierno, a las siete y media de la mañana, con un café y un cigarrillo en la terraza, y donde a lo largo del día, la escuela agita sus tertúlias, sus corrillos, el pulmón trasero del Institut, también fue traspasado, hace un año mas o menos.
La Barretina, en el chaflán de enfrente de mi casa, el bar de los taxistas, lleva traspasado año y medio, y así hasta una docena, me explican los vecinos «de toda la vida».
El humor del barrio hace acto de presencia con los nuevos apelativos: El Patxoca ha pasado a ser el «pachinoca» y la Barretina, la «barrachina» y hoy se ha votado en la tertulia de La Antigua viña: «Bahía de Porto Mao»
Pero estos traspasos también ha dado pié a un aluvión de lugares comunes sobre la «invasión de los orientales» Que si competencia desleal, que si mafia, que si hacen trabajar a destajo a los niños. Recelo, desconfianza, críticas ciertas o no, xenofobia si o si.
Pero esto no impide que el barrio los acoja y los integre sin mas aspavientos, fuera de uno o dos gruñidos. Al final gana el «Pero trabajadores, lo son!» Por otra parte, ellos ponen sus mejores sonrisas, su buen humor de papel de arroz y puertas afuera, y hacen grandes esfuerzos por aprender la lengua, sea esta el catañol o el espalán. «Todo mezclado, San Berenito, todo mezclado» (Nicolás Guillén)
Así, silenciosamente una nueva comunidad planta sus banderas descoloridas por el desarraigo, o porque les quitan los colores para ponerlos en la ropa, en las paredes, en el aire.
Sin estridencias, mansamente, el barrio suma peras y naranjas, y las cuentas le salen.

Después de la lluvia II

30/09

La Antigua Viña

La calle no tiene memoria.
Sentado en la terraza del bar, miro pasar a los vecinos y vecinas, ya nadie recuerda la tormenta.
El gesto valiente, la ropa colorida y ligera, las sonrisas de domingo y los zapatos brillantes. El niño de una vecina cae de bruces a tierra y el perro de otro, le lame la cara. En el Bahía de Porto Mar – el bar brasilero- hace días que trabaja una familia china y ahora, la mas pequeña -unos dos o tres años- salta valiente y circense el escalón de entrada a mi portería, quince centímetros a un vacío sin red. La niña no falla el truco y saluda emocionada  a los parroquianos de la terraza, abriendo triunfal, sus brazos en cruz, y haciendo una reverencia teatral. Muchos años de claca me ayudan a arrancar los aplausos de todos. Llega la viuda triste del Guardia Civil y sin preguntar se sienta a mi mesa, cerveza, cigarrillo y su eterna pena. Yo sigo escribiendo y escuchando blues con mis auriculares. Igualmente me cuenta que está vendiendo seguros de vida, porque la pensión no le alcanza «verguenza de haber sido, dolor de ya no ser…» vuelvo a recordar el mismo tamgo y mientras lo escribo, ella suspira y bebe.
El legionario francés del sexto, siempre ebrio, no consigue acertar su llave en la puerta y justo cuando voy a levantarme para abrirle, sale la vecina dominicana del tercero, se miran se gruñen, ella sale y él entra.

Después de la lluvia

30/09

La Antigua Viña

Después de la tormenta llega la humildad.
Hay un cielo de grandes nubes blancas inofensivas y espacios de un azul claro, límpido. La brisa es fresca.
Pero los ojos escrutan desconfiados el horizonte, en busca de presagios. El aire huele a pan, a paz, pero el alma, inquieta, espera el devenir.
Los rotos de la acera esconden pequeños y sucios oasis de lluvia pasada, como los cajones guardan jirones de vida olvidada.
Luego, las horas plegarán cuidadosas, todo vestigio anterior.
La vida empieza nuevamente.

vuelta al cole

27/09

La Antigua Viña

Otra vez. En el bar del Institut, en el Patxoca, cafecito y cigarrillo.
Reencuentros con compañeros y compañeras, alumnos y alumnas. Y el día gris y frio.
Si, ayer cambió irremisiblemente la temperatura, después de la última tormenta de verano o la primera del otoño.
Comienza el curso