Aniversarios sin fechas.

Vosotros dos desde allí, desde donde sea que estéis, sin estar, claro. Secano, le dice Carmela a Paulino en Ay Carmela, de José Sanchis, cuando Paulino se lo pregunta. Digo, vosotros desde allí y yo desde aquí, que tampoco es que yo esté del todo, aunque a alguno se lo parezca, ni tampoco se muy bien donde es que estoy, ya que hay quien insiste en que estoy en algún lugar. Vosotros y yo, repito, no podemos encontrar el modo de seguir en contacto? Madrid, Barcelona, Zahara de los Atunes, El Armarchal, no fueron un impedimento, porque habrían de serlo la vida y la muerte?
El papel de Último Mohicano no me sienta bien, pero me tocó por error del director. Ser memoria de vosotros, continente y contenido.
Lo que no se recuerda no ha existido jamás, escribió A. Chéjov, pero yo se que existió, aunque no lo recuerde! Son estos, sin duda, los peores olvidos, los que nadie mas podrá ya subsanar. Cada vez entiendo mejor Las flechas del olvido de J. Sanchis, quizá debamos olvidar y olvidar hasta quedar vacíos de vida, para morir sin sobrepeso.
A mis queridos amigos ausentes.

Otras distancias.

Distancia.
No de la que se recorre paso a paso, ni de la que se rueda por el asfalto, ni siquiera de la que se cruza por los aires, aeropuertos mediante.
Distancia sin metros ni kilómetros, sin mojones en la carretera, sin pausas para que abreven los caballos, o para que reposten los motores, ni para estirar o doblar las piernas, según convenga.

Esta distancia, es mas profunda, se cuenta en años, y el territorio no se recorre, se construye, y la geografía habitada, se llama memoria.
En este viaje, las fotos se hacen en la piel, que se va llenando de instantáneas de vida, de mapas de viaje, llenos de anotaciones, de rutas trazadas a mano, a veces superpuestas, a veces desparramadas. Casi siempre inconclusas.

Esta distancia la puedes recorrer sin salir jamás de una habitación, aunque no es recomendable.
Es mejor recorrer los años, moviéndose también en el espacio, pero sin abusar, porque sino corres el riesgo de quemas las naves, y ya no habrá retorno. En ninguna de las distancias.

Aunque habitar en la otra orilla tampoco está mal.
Quizá los orígenes sirven para eso, para partir y alejarse hasta tensar la cuerda y romperla, y perderse en la distancia. Perdido para el extremo inicial de esa cuerda, porque de este lado del cabo roto, se muy bien donde estoy.
Y la memoria construida en este viaje, es un hermoso y vasto mapa, tatuado en esta piel que envejece.

Mirador.

21/10

Desde la luz y las sombras.

Ojos que han mirado. Que lloraron cuando tuvieron que llorar, que se achinaron de risa, se cerraron de sueño o de miedo. Ojos que me cuentan el mundo en sus detalles, en sus colores, y en su injusta medida.
Ojos que mudaron su piel como las serpientes y del marrón miel, viraron al verde que te quiero verde/ Bajo la luna gitana/ las cosas le están mirando/ y ella no puede mirarlas/ cantaba Lorca.

Ojos que ni de cerca ni de lejos dieron en la diana, ni falta que les hizo! Total, nunca les interesó la letra pequeña del mundo y sus cosas, pero que por contra, siempre les gustó leer secretos escondidos al biés de la página o vislumbrar horizontes.

Ojos con sus fallas, su desgaste, sus puntos ciegos, por donde se escapan siempre las buenas oportunidades. Puntos ciegos que me han dejado perdido y a dos velas, en las oscuridades del alma.
Ojos ni grandes ni pequeños, justos vigías de lo que acontece allí afuera.
Ojos mirones sin malicia, que acompañan el caminar de las mozas, que se iluminan de luna y estrellas cuando están felices, que se enrojecen de dolor por ver mas de lo que ven. Que se inflan de incomprensión. Que se cierran de espanto.
Me han acompañado y me acompañan desde la primera luz que me alumbró.
No tienen zoom ni enfoque automático, solo estas ganas inmensas de seguir mirando, de capturar imágenes como los niños capturan luciérnagas en las noches cálidas de estío.

Retazos del alma.

Mejor no lo vas a encontrar, me dijo.
Éramos jóvenes, sus pasos no estaban perdidos, todavía Sus ojos explicaban el mundo. Y yo crecía en la inteligencia de su mirada.
Luego fue Vallecas, la movida, y una sobredosis en el fin del mundo.

Tanto como puedo, tanto como sé.
Respiro, vivo, miro, escucho. Deseo, me río, me enfado. Me rompo. Me curo. Y vuelo.

Luego están el día y sus horas. Los momentos.

Mi día comienza tantas veces al día!
Como mi vida, que ha comenzado tantas veces. Pero nunca es la buena, nunca es aquella, esta!
Pero yo sigo tirando los dados marcados, gastados, como el gesto con que los tira, jefe, me dice el fullero al oído, mientras me hace el cambiazo, y otra vez, esta no es aquella!

Tanto como sé que puedo.
Seguiré dándoles el mejor aliento, la mejor batida. Buscaré el mejor ángulo de tirada y mientras los dados rueden el corazón seguirá latiendo. Y el día seguirá comenzando tantas veces como haga falta. Y yo seguiré inventando vidas.

O no.
O mejor dejo el azar a Balthazar, me aconseja Robert Bresson, mientras Campanilla canta desafinada en vena, que Peter Pan, fue Ícaro niño. 
Polvos por papelas, puta heroica!, grita Juana la loca.
Y mi corazón se rompe, pero mi vida sigue latiendo.

Yeguas nocturnas. (nightmares)

Amanecer de madrugada, atado a la medianoche y sus fantasmas.
Se que no es la oscuridad el reino de las sombras, porque las sombras solo existen cuando la luz las agita.

Son estas, sombras de una vida atorada, de una vida desvivida, son siluetas de un pasado desvaneciéndose en el filo de la memoria, a la luz del amanecer.
Son nombres entrecortados, son gritos ahogados en el olvido.

Envejezco enhebrando letras equivocadas a una historia. La mia.
Atesoro en una caja las certezas olvidadas, en otra las certezas perdidas, otra para las equivocadas. Una caja mas, para todo lo demás.
Y lo puesto, mi equipaje.

Quizás son las sombras quienes iluminan la luz. Ellas abstraen la presencia, y dejan presente la ausencia.
Sombras que se asoman y nombran, se asombran.
El amanecer las dibuja impío, en el cuaderno de las miradas negras en la pared blanca.
El despertar las clava en la casa del alma, y la edad las difumina, las desparrama.
Luego, ni el despertar las borra.