Días de cuarentena. I

Día cuatro.

Confinado a este lado de las ventanas, cuento las olas, las gaviotas… y los perros, que han tomado la playa por derecho propio. 

Organizo el aburrimiento, lo distribuyo entre las horas e invento nuevos hábitos que lo despisten, aunque me guardo una franja de tiempo para dedicarme en cuerpo y alma a aburrirme, desenfrenadamente, casi lujuriosamente. Luego, para la hora mágica del atardecer me reservo el paseo por la azotea recorriendo concienzudamente el perímetro completo del edificio hasta sentir que se me cansa la cordura, entonces disfruto de las vistas. Mar de  mar, al frente, y mar de tejados y azoteas que bajan de montaña, por detrás. 

Cuando toca, me pertrecho con lo que tengo y puedo, y salgo feliz, camino del supermercado, a tres calles casi desiertas, de mi casa. Camino lento, disfrutando en cada paso la magia de desplazarse. Poco reparamos en la belleza del concepto ir de A a B, independientemente de la belleza de A o de B. Durante el trayecto, charlas barrieras cortas con alguna vecina, algún vecino, eso sí, a la distancia equidistante entre el contagio y la sordera. La compra discurre, entre lo que hay y lo que quiero, por no mencionar lo que no debo. 

Retomo el camino como quien va, y sin volver sobre mis pasos, regreso a casa, al lado protector de las ventanas.

Salud, a todas y todos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s