Alma rota.

Alma que se rompe, se hace añicos.
No es tiesto que cae desde el balcón en un día de viento, ni es copa de cristal que se estrella contra el suelo. No es suela agujereada, no es diente que se parte con el pan duro.
Alma que se rompe no se arregla con pegamento, no hay tiritas que la junten, no puedes escayolarla, ni vendarla, no la zurcirán las abuelas como a los calcetines gastados y deshilachados, pero que aún cubren los pies. Deberás vivir con sus trocitos desparramados viajando por tu sangre, que se corta y se hace mala.
Alma que se rompe no tiene recambio. No vuelve a crecer como las uñas, como el pelo o los dientes de leche.
Alma rota es indeleble como los tatuajes.
Alma rota, es como ese sueño del que despiertas en medio de ninguna parte y ya no vuelves a parte alguna. Es ese silencio que asesina tus palabras. Es desierto que te crece, y seca tanto las risas como las lágrimas.
Alma rota no es dolor ni pena, no es tristeza.
Alma rota es ausencia, es olvido, destierro y exilio.
No dejes nunca que se rompa.

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