El último organito.

Nada se movió ya en la quietud de sus ojos.
No hubo mas destello que el amanecer.
No perdió brillo su mirada,
solo se vistió de pátina mate su reflejo.
Ya no titilaron mas que las estrellas.

Eran ojos miradores los suyos,
ojos pequeños
capaces de albergar el mundo.
De pasos cortitos y bastón, su andar,
solo era un cuerpo
persiguiendo sus visiones,
en la geografía chica del barrio.

Nudos de huesos sus manos,
nudo en la garganta su ausencia.
Ella es la vecina muerta,
es la sombra que nos falta.
Desde ahora.

Octubre de 2013

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