Escondite.

08/10

Me escondo.
Hay días en que me escondo. No detrás de un sofá, no debajo de una mesa, no.
Pero me escondo.
Y lo hago con tal intensidad y vehemencia, que ya no puedo encontrarme.

Así puedo pasar días, semanas, perdido. Perdido de este lado de las cosas, porque del otro, estoy escondido, que no el lo mismo.
Hoy, por ejemplo, me escondí antes de despertarme, sin dejar ningún rastro, ninguna señal, ninguna pista sobre mi paradero. Vaya uno a saber cuando decido salir de mi escondite!
De momento el día transcurre, sin novedad, hace tiempo que aprendí a convivir con mi ausencia. No voy a mentir y reconozco que es un poco decepcionante saber que soy prescindible para mi mismo.
No es una sensación muy diferente a la falta de esa muela, un pequeño agujero de uno mismo que no me impide triturar la comida, que no cambia el sabor de los besos.

No celebro los encuentros, no lloro las ausencias. Libre albedrío para mi y para mi. Esas son mis reglas. Aunque a veces, como un rayo, me sacude un temor, y es que de tanto irme de mi mismo, un día, ya no vuelva.

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