Estío.

25/07

Desde el remanso del salón/

Estación del año que principia en el solsticio de verano y termina en el equinoccio de otoño.

Estación del año, solo comprensible si se le aplican los recuerdos de infancia en las dosis indicadas.
Que cada quien, que cada cual, vierta y mezcle sus olores, sus luces y sus horas.

Horas de estío.
Suenan a zambullida clandestina en los estanques, en las charcas, en los arroyos. Suenan a manguerazos en los patios, a baldazos en las calles, a ropa mojada pegada a la piel, y a sonrisas descosidas, abiertas de par en par.

Tiene el estío, aquel presagio de las tormentas de verano, que solo existieron para que nosotros las podamos recordar. Tiene el gesto ceñudo en los ojos que se protegían del solano a la hora de la siesta, y que marcó por siempre nuestra fisonomía.
Tiene el sabor de la fruta robada y de las lecturas prohibidas.

Fue el estío quien firmó la cicatriz de mi rodilla derecha, cuando caí en picado desde el ombú y sin paracaídas, y fue una tarde de estío que leí por vez primera de motu propio y mi alma quedó atrapada ya para siempre en el entramado de letras, sílabas y frases, con el convencimiento de que habían sido escritas solo para que yo las descubriera.
Tienen las noches de estío, la voz de mi abuela y la letra de sus cuentos de miedo, a la orilla de su cama con palangana para las goteras. Tienen esas noches, estrellas para mirar y deseos para cumplir.

Tiene el estío sus bichos, sus lagartijas, sus langostas, sus mariposas y sus luciérnagas, teníamos nosotros los frascos para atraparlos. Luego, trepados en el ramaje de los árboles, nos enseñábamos entusiasmados los tesoros capturados, y ya de paso, poníamos trampas de alquitrán con migas, para los pajaritos.

Fue una tarde de estío, en una playa ya olvidada  cuando conocí el sabor salado de la piel deseada, y esa misma sal quemaría después en la herida que ese encuentro abrió en las carnes del alma. Y dejé de ser un niño.

Estío, estación del año que principia en el solsticio de verano, que termina en el equinoccio de otoño, y que atraviesa y abre nuestra vida, como el cuchillo atraviesa y abre la jugosa y dulce sandía con que soñábamos en las tardes frías del invierno.
Buen estío y buena canícula, a todas, todos!

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

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