Náufragos del sábado.

21/04

La Antigua Viña/

Corre la semana los últimos metros y llega a la meta.
Quedan en el barrio las huellas del vendaval, porque ayer fue sábado.

Así amanece este domingo castigado de resacas, de insomnios penitentes, de zaguanes usados por tanto amor desbordado, naufragado, hundido, pero nunca ahogado.

Se ha bailado en mi barrio, se han frotado los cuerpos unos con otros, se han mordido las bocas, las unas a las otras. Se ha rasgado el silencio, se han rasgado los velos mohosos de la soledad, se ha copulado en la plenitud del alba, se ha escupido al recato y la falsa virtud, se han roto los diques de la contención. Se han arrasado las vergüenzas. Las ajenas, porque las propias se han desflorado en el primer compás de la música bastarda de esta fiesta pagana.

Amanece hoy mi barrio con el silencio de los platos rotos, de los pasos turbios que no encuentran el camino de regreso a casa.
Amanece este domingo a los cuatro vientos, sin amarres, con su sol certero y su brisa.
Amanecen los ojos hinchados y las bocas pastosas. Amanecen entrelazadas las almas.
Amanece el barrio con el olor del pan en el horno y el asilo generoso de las almohadas.
Amanece este domingo manchado de sábado.
Buen despertar a todas, a todos!

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