Paseantes.

27/03

La Antigua Viña/

Soplan vientos barredores.
El sol, hoy, parece el intermitente de mi moto, ahora salgo, ahora no. Pero nada nos quita la certeza de estar en primavera.
La calle, camina por el lado de la lana, pero con los ojos vueltos al sol, cuando está, claro, y cuando no, los volvemos hacia las mozas, que tienen solera para dar y recibir.
Llega el cartero, y me saluda, yo me levanto de mi oficina en la terraza y le abro la puerta. Al salir él me trae mi correspondencia a la mesa. Servicio personalizado, me gusta. Lo que me gusta menos es que mi correspondencia en papel, sean solo facturas. Y sin cañoncitos de dulce de leche!
En la mesa de mi izquierda, la gitana de los rizos de oro charla con la novia roja, y subiendo el volumen de la conversación, me incluyen en la tertulia. Hablan de los celos. Como buena comunista, la novia roja habla de compañeros, de confianza, de que nadie es dueño de nadie, que somos grandes y a ti te encontré en la calle… La gitana rizos de oro, en cambio, cuenta como le estrelló un vaso de vidrio en la cara a una pava, que allá en sus juventudes -ocurridas mas después que las mías, pero no lejos- le tiró los tejos a su hombre en una discoteca. Y si lo vuelves a mirar, te saco los ojos con los dedos! Y mutis por el foro.

Pasa un carrito de la compra con una vecina diminuta que lo empuja desde abajo y resopla, pasa un ejecutivo substituto con manchas de soledad en la gabardina, cantaba Sabina. Pasan dos madres solteras y sin hijos, pasa un amante despechado, pero con mucha espalda. Espalda para clavar cristales, a tenor de rizos de oro.
Pasa Jorge, el gigantón argentino, que me saluda desde la cima del mundo.
Pasa mi deseo tejiendo tu nombre.
Pasa un desconocido de siempre, que opera en el metro y al que todos conocemos.
Pasa un turista perdido entre tanto mapa desplegado, pasa una adolescente japonesa y manga, con su minifalda escocesa, sus trenzas infantiles y sus botas de partir mandíbulas.
Pasa una vida gastada al lado de una nuevecita y brillante, pasa una bufanda gris y deshilachada, con mas vocación de sudario que de abrigo. Pasa el doble de Buster Keaton, charlando por los codos, como un descosido, y riendo a carcajadas. Ventajas de la copia, pienso.
Sale Cesar y me dice que ya puedo pasar a comer al interior.
Buen apetito a todas y todos!

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