Garúa.

17/03

La Antigua Viña/

Domingo con garúa.
Garúa es esa lluvia que no llueve, pero moja igual. Mojabobos le dicen en Madrid y txirimiri en Euskadi…

Por mi calle, la Avenida Paralelo, están corriendo la maratón, y el público se apretuja debajo de los paraguas para aplaudir y jalear con gritos de ánimos a los esforzados corredores y corredoras. Hasta aquí todo bien, si no fuera por los tambores que una peña del barrio ha sacado a la calle para acompañar el evento, aunque mas que acompañarlo lo están reventando con su ritmo machacón y tribal que hace que mi café baile la jota, mi alma cruja de espanto, y las palabritas no quieran salir por temor a que les peguen.
Tienen los tambores, la magia de la revuelta, pero si no hay revuelta, solo les queda la virtud de machacar el cerebro.
Los corredores siguen contra viento y marea, o en este caso contra garúa y bombo, que es un tambor mas urbanita.
La terraza está concurrida, hoy se sirve ración doble de morbo junto con la caña, las patatas bravas, las olivitas, los cafés y el humo de los cigarros. Morbo de estar sentado, protegido de la llovizna, bebiendo y fumando, mientras se mira el mojado esfuerzo ajeno.

Los corredores llevan el desfallecimiento reflejado en el rostro, estos son los últimos metros antes de la meta. En este momento no puedo dejar de pensar en el hermoso film de Tony Richardson, “La soledad del corredor de fondo”, con Tom Courtenay y Michael Redgrave. Y no había bombos.

Allá en mis juventudes, así en plural porque tuve muchas, corrí en cuatro ocasiones en los encierros de los Sanfermines, y recuerdo que me pareció que era igual que estar corriendo delante de la policía en una manifestación, y no por comparar a los polis con los toros, pobres toros, sino, porque corres para que no te pillen y te machaquen. Mucho no me gustó, la verdad, lamentándolo por Hemingway y su poética.
Estos corredores, en cambio, corren por correr, corren contra ellos mismos, corren con toda su fuerza, con toda su furia, corren para dejarse atrás para siempre, corren como Forrest Gamp, dispuestos a no parar jamás, a crecer, vivir y envejecer corriendo, y solo pararán para darse el pésame el día de su propio óbito. Hay algo bello en su carrera, y en sus cuerpos flacos y fibrados. No tienen cuerpos atléticos al uso, no son cuerpos de anuncios de refrescos, o de hipotecas, que lo mismo da lo que anuncien los cuerpos. El corredor de fondo es un héroe solitario, desgarbado y agotado, tiene la belleza del desgarro.

Los bombos se animan mas y mas. Miro atento a izquierda y derecha para ver si diviso la revolución, pero no, la revolución no la hace un bombo, como al verano no lo hace una flor.
Tambor y fuego en la tribu, bombo y garúa en mi barrio.
Sangran los pies de los corredores, sangran las manos de los bomberos, sangra el cielo esta llovizna incierta.
Buen domingo, buena carrera a todos y a todas!

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