Domingo de carnaval.

10/02

La Antigua Viña/

De que sirven todos los jerseys, todas las bufandas si no está dentro tu piel rozadora, de que sirven mis brazos si solo abrazan tu ausencia.

Amanecer en un bello domingo de invierno, con sol, con frío y sin ti, es un desperdicio.
La calle respira descanso, como debe ser. Los pocos vecinos y vecinas que la transitan a estas horas, lo hacen con el alma en pijama. Los coches pasan con sigilo, de puntitas de rueda, para no turbar el sueño de los que aún navegan sus sueños en camas crujidoras.

El café en la terraza es reparador y calienta mas que este sol de cotillón, que esta luna disfrazada de astro rey. El cigarrillo humea silencioso entre mis dedos azules y titiritantes. Sol de neón. Frío y luminoso, como Catherine Deneuve, cuando era luminosa -fría lo sigue siendo-. Sol de invierno, sol de huevo, que se deja tocar y te mancha de amarillo la punta de los dedos.

Mañana de carnaval.
Pasa un abrigo redondo, lanoso y chillón, del que asoman dos pies, dos manos y dos ojos a modo de periscopio, pasa una gitana bella, con el pelo enroscado en su cuello a modo de bufanda, o de boa constrictora, vaya usted a saber.
Pasa un perro con anorak y capucha, su socia se ha metido entera, dentro de una oveja, sin embargo no se trata de un perro pastor.
Pasa un lobo estepario ruso con su gorro de piel con las orejeras bien ceñidas, para no oír que te estoy llamando. Pasan las hermanastras de cenicienta riéndose de mi. Dicen que tu zapato no te encontrará. Ellas no saben que mi corazón tiene GPS.

Pasa un sobre corruptor en pos de la mano de santa Teresa, pasan dos mozas disfrazas de coristas del Paralelo, o son dos coristas del Paralelo disfrazadas de buenas mozas que se echan a perder, cantaba una vieja canción, nada infantil.
Pasan dos gorilas del circo de Sarrasani, disfrazados de porteros de discoteca, pasa Cristobal Colón camino del puerto de Palos y le pregunto si necesita un grumete, a ver si así llego hasta ti para que me descubras y claves tu bandera en mi pecho.
Del portal de casa salen los galgos, Ares y Nevado, o debería decir Caín y Abel, y un montón de ropa de abrigo en capas, que supongo que debe ser Laura.
Avanza la mañana, como avanzaban los caballitos del Costa Azul, a trompicones. El aire se llena de pan y de café caliente en las cocinas. Es hora de no hacer nada, así que apuro el humo de mi café, bebo hasta el poso de mi cigarrillo, y emigro hasta la estufa de mi escritorio donde dibujé el mapa de tu corazón, con buen viento, llegaré hasta ti antes de volver a envejecer, como Manuelita, la de Pehuajó.
Feliz carnaval, a todos y todas!

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