Yo siempre estoy volviendo… (Troilo).

11/08

La Antigua Viña/

Volver.
Después de diez días de ausencia, me recibe mi calle sin aspavientos, con la amistad tranquila que le caracteriza.
Sigue en mi silla habitual de la terraza de La Antigua Viña, el bajorrelieve largamente trabajado por mis posaderas, donde me acomodo, sin extranjerías ni reproches.
Hay aún en mi mesa manchas de letras antiguas, de esas que no se borran con un paño, ni que esté humedecido en lágrimas o sudores.
El andar de vecinos y vecinas se ajusta al tiempo de mi mirada. Tenemos mi barrio y yo este ritmo compartido que nos hermana. Tenemos también este calor que derrite las piedras, que calienta las cabezas, que desboca los corazones y atempera el alma.

Tertulia amena con los habituales, Hoy recibo en mi mesa. El amante de la ciencia ficción y su compañera la novia roja, y rizos de oro. La mesa está al completo, y bien servida, yo fumo mi café, ellos se beben las birras. Los cuatro nos echamos los humos.
Último día de La Antigua Viña, mañana Tino, Marina y Cesar se van a Galicia a pasar sus vacaciones. El devenir augura un mes paria, buscando asilo en otras terrazas. Es lo que toca, y la china del Bahía de Porto Mar, asomada a la puerta. me sonríe ganadora.

Desde mi mesa y mirando al cielo, veo al descuido el baile que se montan en solitario mis cortinas, ellas ondean con voluntad marina, con ansias de mar, con ansias de aquellos otros vientos alisios, esos que te hacen viajar hasta tus islas interiores, mientras un sol de injusticia nos solivianta a todos y todas.

Bienvenido, me dice el caniche blanco de David Niven, mientras apura un plato con agua fresca, que su socio le pasa bajo la mesa, con gesto y mirada clandestina.

Es en este instante en que la vida se vuelve cotidiana y pacífica, en que confirmo que yo también tengo un lugar en el mundo. Y que me gusta ese lugar.
Buen retorno y buenos reencuentros, a todas, todos!

Oblivion.

07/08

No puedo recordar desde donde/

Me olvido. Me olvido tanto.
Tienen abismos los recuerdos, puertas que te lanzan al vacío mudo del olvido.
Y caes, y caigo.

Carcoma de la vida vivida.
Borrador de islas. Láser que te quita los tatuajes del alma.
Maldito olvido. Yo te maldigo porque me despojas de mis horas llenas, me pelas como a una naranja, tiras mi piel, te comes mis gajos y me dejas pellejo, seco.
Secano.

Maldita seas oscuridad devastadora, que me has dejado su rostro sin su nombre, me has dejado caricias sin manos, piel sin olor, ojos vacíos. Piezas rotas de un puzzle que ya no puedo recomponer.

En la habitación de Fermín conocí a un hombre que para no olvidar, escribía todo en todo. Cama en la cama, mesa en la mesa, libro en el libro, sueño en la almohada, amor en la ausencia, en el vano de la puerta por donde ella se fue una vez.
Pero el olvido, como el mar, arrasa sin emoción los pueblos construidos en la memoria, ese otro plato en la balanza de la vida.
Horas en blanco sobre el negro del insomnio deletreando letras que hagan chispa y enciendan esta memoria humedecida.

Olvido, eres la herida del cuchillo que descascara las estrellas y nos deja de la noche, solo la oscuridad. Te declaro mi enemigo, mas que al dolor. No me conformo ni me rindo, no me entrego a tus flechas ni a tus besos.
Devuélveme los rostros, los nombres, los actos, todos. Devuélveme su voz y el brillo de sus ojos.
Devuélveme la pena, la alegría.
La ligereza con que aposté mi vida.

Buena memoria a todas y todos.

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

Matinée en el mar.

05/08

Desde la terraza abocada/

Te despiertas. Ya antes de abrir los ojos, la luz te enciende los párpados de rojo intenso. A pesar de las duchas -en la playa primero y en la casa después- tu cama se empeña en llevarse restos de arena, restos de esa playa que se viene contigo, restos de las mareas y sus olas, con sus gaviotas que te picotean los sueños, que vuelan en círculos planeando sobre tus islas.

Te levantas. El aire es caliente y huele a mar, mezclado con el olor del café con leche del desayuno, con el del pan tostado y crujiente, con el de la mermelada de fresa y mandarina.

Te sumerges. La ducha te inunda, te renueva, te lava los vestigios de la noche, y el vaho del espejo te convierte en un fantasma borroso. Desenfocado, filmó Woody Allen.

Emerges. Eliges la música para esta mañana, Ella Fitzgerald en mi caso. Fumas el tercer cigarrillo, que debería ser el primero, y mientras fumas, silban tus pulmones la suave melodía de I Ain’t Got Nothing But The Blues.

Descubres. Tus dedos, a tientas, encuentran el lugar secreto que señala el marcador escondido entre las páginas del libro. Allí están suspendidos los personajes y sus acciones, tal cual los dejaste ayer, esperando que tus ojos les devuelvan el protagonismo y la vida.

Navegas. La brisa baila las pesadas cortinas opacas de la terraza, y la penumbra protectora se mueve, se ondula y en las paredes blancas se representan nuevamente la marea y las olas. Es en esas paredes que naufraga la inquietud.
El mundo queda lejos hoy. Hoy solo estás cerca de todo lo que no está, como tu. Están vacías las horas hoy. La gracia está en dejarlas como están y flotar de espaldas.

Buena balsa a todos y todas.

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman

Veraneante.

03/08

Desde algún otro lugar/

Lejos.
De mi casa, de mi barrio, de mi ciudad.
Andan mis hábitos confusos y desnudos, andan mis pasos perdidos, de subida o de bajada por estas calles otras, con sus cuestas, su cornisa.
Aunque el mar es el mismo mar y las huellas que voy dejando en la arena, también.

Andan mis gestos y mi piel desprotegidos de tan expuestos. La una al sol y los otros al desconcierto. No de lo desconocido sino de la ausencia de lo conocido.
La diferencia.

Anda el alma plana, distendida y salada.
Así amanezco en este otro país, en este otro territorio, en esta geografía amable y caliente. En esta cama infantil, con sus dos abismos pegados a mi costado. Esta cama desde donde no puedo añorarte y sin embargo te añoro.
Amanezco en esta otra lengua que me dice el vendedor de verduras, la señora del colmado donde compro la leche fresca.
Anda mi pelo revuelto sin peine que lo conduzca, creciendo de puro abandono, blanqueado como las casas del mediterráneo.
Andan los sabores cambiados.
Andan escasas las palabras y sin traducir.
Buenas vacaciones a todos, todas.

Estas manos.

Estas manos.
Estas manos que me salvan.
Estas manos atrapadoras
Que saben aferrarse a la vida en el último instante.
Estas manos que envejecen
Y por eso son mas sabias.
Estas manos que se despiertan doloridas
Pero que igual se ríen y tocan
Tanto como pueden.
Estas manos mudas, que no se callan.
Que gustan de palpar el aire, de buscar a tientas.
Que gustan de ensuciarse los dedos en la basura
En los rincones oscuros del alma.
Estas manos de piel dura y temblores incipientes.
Que cuentan con los dedos las horas.
Los instantes.
Estas manos que seguirán tanto como yo siga.
Estas manos que no me abandonan
Ni ahora ni después.

Julio 2013

Fotografía de Patricia Ackerman

Fotografía de Patricia Ackerman