Llámame Viernes.

Sin prisas, con la calma, porque es viernes. Me levanto temprano justo antes de que amanezca, enciendo las ventanas, preparo el desayuno y me instalo en el salón frente al mar para ver la salida del sol, que se desparrama en las tostadas como si fuera mermelada.
La alegría del viernes no se pierde ni jubilado.
Será por eso que Robinson llamó así a su compañero de isla, por la alegría de no estar solo, la alegría de que exista el otro. Aunque teniendo en cuenta que Defoe escribió su novela en el año 1719, cuando la jornada laboral era de unas quince horas, seis días a la semana, dudo que el viernes tuviera ningún motivo para ser alegre. Antes deberíamos agradecérselo a Robert Owen, socialista inglés, impulsor de la reducción de la jornada laboral a mediados del siglo XIX. En 1810 acuñó el lema “Ocho horas para trabajar, ocho horas para recrearse y ocho horas para dormir” conocido como el 888. Sin embargo, las cuarenta horas en cinco días semanales, no se consolidarán hasta la década de los setenta en el siglo XX.
Así pues, la alegría del viernes es una alegría molona que nació y bailó con el mejor rock que ha existido jamás. Ahí es nada.
De niño, el viernes era aún mejor que el sábado, era la víspera de todo lo maravilloso que estaba por venir y que nunca llegaba, pero igual cada viernes éramos felices, porque el sábado seríamos felices. El domingo por contra, se llamaba Angustias, como esa tía vieja que todos tenemos o quisimos tener. Angustia porque se acababa el tiempo de que ocurriese lo maravilloso, angustia por los deberes no hechos, y angustia porque mañana será lunes toda la semana, hasta el próximo viernes. Lo dice uno que nació en lunes.
Hoy este viernes va como la seda, suave y sin ruidos interiores, mientras tanto, afuera, el pueblo se despereza y toma brío. Como una celebración se izan las persianas de los comercios y el ruido metálico es una fanfarria que te invita a bailar porque hoy es viernes y no sábado, añorado Vinicius.
Los sábados estábamos demasiado ocupados buscando El Dorado de la felicidad, pero el oro se convertía en latón en cuanto lo tocabas, ya se sabe o debería saberse, que los mayores deseos de éxito están en la sección de fracasos, junto al pájaro azul, que si lo miras bien, no pasa de verde loro. Con excepción de los viernes, donde todo puede suceder, porque no esperas que suceda nada, eso lo dejamos para mañana, que seremos finalmente felices.

Buen viernes, cuando os toque, a todos y todas.

2 pensamientos en “Llámame Viernes.

  1. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Que alegria leer tu postal. No sabía que seguías escribiendo!

    Viernes, alegria de tostadas quemaditas con mermelada de naranjas amargas acompañando un demorado café con leche. En mi caso, sin azúcar, más rico!

    Bueno encontrarte Jorge!

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