Otro lunes.

03/06

Lunes con cara de verano.

El sol inunda la habitación y el salón. Pinta las calles, pinta los árboles y los pasos de los pocos transeúntes que deambulan sin saber si van o vienen. O si ya fueron.

Bajo a la calle y doy un paseo entre el silencio y el olor a pan madrugador. Entre los pocos borrachos del alba que aún se tienen en pié y los currantes que avanzan las casillas de la semana, con el bocadillo cantando bajo el brazo y el hambre callando bajo la piel. Me cruzo también con algún turista madrugador disfrazado de explorador, que ríete del Dr. Livingston, supongo.

Paseo por los bordes del barrio y por los bordes de esta cabeza despierta, aunque no necesariamente lúcida.
Paseo por el rincón de los recuerdos vividos y por el rincón de los recuerdos inventados, pero aprieto la marcha y paso de largo del rincón de los recuerdos perdidos. Resuenan mis pasos en la calle y resuenan en mi memoria los tuyos, a mi lado.
Respiro hondo y el barrio se mete en mis pulmones, descascarando óxidos y otras soledades.
Lunes ya para mi, domingo aún para ti. Estas son las cartas, ahora tenemos que inventar el juego, pienso.

Mis pasos vuelven a casa como el caballo del borracho, y descubro que en mi ausencia, el sol ha fregado los suelos y ha opacado los espejos.

Suavemente despierto a mi cocina y la animo a encender sus hornallas, a tostar mi pan.
Buen despertar, buen lunes, buena semana, a todas, todos!

Actos de interior.

01/06

Desde el salón/

Al puntear la lista incompleta de mi vida descubro mis faltas de ortografía.

Amanecer de sábado. Abrir las ventanas y dejar que la luz moje de mar, lo que la noche ha secado en los interiores.
Está el cielo blanco, está en blanco la página y en blanco están los días por vivir.

Está la calle de mañanita puesta y tranquila. Está calma el alma, suavizando sus aristas en las piedras del tiempo o en los adoquines de la esquina, que igual sirven para un barrido que para un fregado.

Tiene el silencio de las personas calidad que se impone a los ruidos urbanos. Hoy no suenan los vehículos transitadores de mi calle, no suenan las sirenas a corazón abierto que atraviesan en canal la ciudad. No suenan los gritos del borracho ante el horror de la sobriedad.
Hoy solo resuenan el silencio de mis habitaciones, la quietud de las sábanas y la sequedad de la ducha, que ya no canta mientras preparo mi café en la cocina. Ahora solo suenan las voces de Ornella Vanoni y Vinicius de Moraes, que en mil novecientos setenta y seis cantaron juntos, para que sus voces me acompañen el despertar de hoy, en la ciudad de los milagros, tan lejana, tan mediterránea, tan abierta de puertos y de puertas.

Me asomo al balcón. La brisa lleva puesta las ganas de enredar. Se enreda en los cabellos, en las faldas bailonas, en las conversaciones perdidas, se enreda en las miradas cruzadas, se enreda en el ángulo desapegado de una vieja foto en mi escritorio, que baila con el ritmo puesto al sur.

Con la placidez del día que comienza, recojo las sombras de mi habitación y las pliego cuidadoso, las ordeno por horas, de mas a menos, hasta que no queda ninguna. Hábitos protectores, amigos callados que emergen al fregar la taza del desayuno, al extender las sábanas como velas al viento, sacudiendo sueños, sacudiendo océanos de luz.

Buenos días, buen sábado y hábitos amigos, a todas y todos!