De mesa a mesa.

Fin de verano pegajoso, climática y políticamente. En la terraza de la pastisseria, yo bebo mi té en la penumbra fresca y protectora que me brinda mi rincón favorito. En la mesa de al lado, mas expuesta a las inclemencias del tiempo, dos vecinos arrejuntados en la única esquina de sombra que les toca, leen una prensa recalentada al sol.
Uno lo hace nerviosamente, saltando de periódico en periódico, mientras su cara se va descomponiendo por momentos, resopla y murmura algo incomprensible pero entendible al menos para su compañero de mesa, que mientras lee un diario deportivo sin complicarse ni mezclar el sudor del sol, con el sudor político se gira hacia su atribulado compañero y le suelta sin despeinarse: Que no se te agrie la sangre, hombre, total todo es demasiado cierto para ser verdad… y continua su lectura como si el mundo no fuera mas que una pelota. Tanto el interpelado como yo mismo, nos quedamos con cara de signo de interrogación sin respuesta. Por un instante nos miramos buscando complicidad, pero en seguida, la proliferación y derroche de sombra que baña mi rincón hace renacer el odio de clases y levanta un muro sin un solo checkpoint para negociar.
Así pues, regreso a mi propia indiferencia e intento descifrar el significado de semejante afirmación.
Todo es demasiado cierto para ser verdad… Se me antoja como la mejor definición de la post verdad, de las fake news, de los bulos. Si es cierto no es verdad, o, si es verdad, no es cierto. Y ya en lo sublime: La verdad siempre es incierta, aquí un sudor frío, helado -y no por la sombra clasista- me recorre el espinazo, pues a esta última aseveración la firmo. Pero puedo estar de acuerdo con esta conclusión sin compartir la idea inicial? Agitado, le pido ayuda al diccionario de la Real Academia de la Lengua y en una primera lectura en diagonal a punto estoy de gritar: Gol!!
Incierto:
adjetivo
Desconocido, no sabido, ignorado.

Bien, con eso concuerdo, pues no le quita certeza ni verdad a la incerteza, solo me avisa que puedo no conocerla… aun. Pero en una lectura mas sosegada descubro que esa es la segunda definición que me da el Tribunal Supremo de la Lengua, la primera es:
Incierto:
adjetivo
No seguro, dudoso.

Eso anula el tanto de la victoria, y me devuelve al desconcierto inicial. Si aceptamos como cierto que la verdad es incierta, la verdad puede no ser cierta. Ay la torre de Babel!, pienso derrotado, y armándome de coraje me dirijo a la mesa de mis vecinos y muy cortés les pregunto si ya acabaron con la prensa deportiva, y el fullback de Sportivo Glorias a Jorge Newbery, sonriente, me pasa el Marca, y yo me enfrasco en una lectura de la que no entiendo ni las comas, pero no cuestiona mis certezas.

Por las dudas, no miren para arriba. A todos y todas.

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