Casi insomnio.

Y la vida fue vivida, contra todo pronóstico,
contra toda esperanza.
Soplaron los vientos,
sucedieron calmas y tormentas.
Brilló el sol,
y los ciclos de la luna hicieron su magia.

Abro los ojos y está oscuro, aún no ha amanecido. Al encender la lámpara de la mesilla de noche, alcanzo a percibir el remolino en que la bruma de los sueños se desvanece sin dejar más rastro que la inquietud.
Me incorporo para facilitar el largo acceso de tos que me libera de cualquier posibilidad de retomar el sueño. Aún no son las seis, me levanto mas por rutina que por necesidad. Las persianas de la casa están bajadas y la oscuridad en el salón es casi total.
A tientas, me siento en el sofá a respirar -que no es poco- y aunque no puedan ver, mis ojos siguen abiertos, absortos en su propia inutilidad.
Entre tanto, y de puertas adentro, se suceden asonadas bronquiales a las que responden ácidas revueltas intestinas. Seguramente me ha sentado mal lo que no cené, de la misma manera que me duele lo que no viví.
Con nocturnidad y alevosía, los recuerdos atacan a bayoneta calada.
Es por la mañana, estamos en la cocina del piso del Puente de Vallecas, llevas puesto un jersey mío, que te queda grande y unos calcetines gruesos de lana, caídos sobre tus tobillos. Estás recostada contra la mesada y abrazas una tazón de café amargo con las manos. Te ríes y te enfadas, me estás contando algo que no acabo de entender… o de escuchar, mientras el gato se pasea indolente por la estantería de las especies con la cola levantada y rematada en un significativo signo de interrogación. Soy feliz.
O lo debería haber sido, pienso en presente.
Un frenazo en seco, la portezuela del taxi se abre y yo caigo rodando en la calzada y el morro de un Chevrolet se clava a dos palmos de mi asombro. En el mismo instante. el grito de mi madre y su mano que me coge del cuello de la chaqueta, y ya estoy volando hacia atrás hasta dar de culo en el interior oscuro del coche. Ella me grita, me zarandea, me abraza y me besa. Nos ilumina la luz intermitente -roja y azul- de un un letrero de neón.
Hay un fuerte medieval de madera pintada, defendido por soldaditos de plomo de la segunda guerra mundial, al que ataca un ejército de indios montados sobre babosas recogidas del parque, y hay también una matanza sacrílega el día de mi primera comunión, con mi flamante Cobra recortada, de fogueo, que me costó la expulsión de la merienda angelical. Noches de maconia, mate y revolución en la Casa de las Musas, que terminaban en amor o pena.
Ráfagas, ráfagas que no llegan a cuajar, retazos de escenas que se suceden como los instantes vistos desde la ventanilla demasiado pequeña, de un coche que se desplaza demasiado rápido.
Y es que en verdad, de recuerdos, apenas si me quedan un puñado de sensaciones y unos pocos fotogramas, el resto son palabras. Palabras que han crecido con el tiempo como el moho. A veces más, a veces menos.
Recuerdos parasitados por las palabras… Tal vez sea el último refugio de la memoria, así cuando las pieles de las vivencias se secan y caen, son remplazadas por el relato, pienso, luego divago, mientras caen las palabras como pájaros muertos y vuelan los pájaros como palabras que huyen, y yo me quedo tan ancho, amodorrado en la quietud de esta hora imprecisa que le gana la partida a todas las incongruencias de una edad cada vez más precisa. Seguramente ya esté clareando. Debería hacer la ronda por la casa, izar las persianas y liberarla de esta oscuridad mecánica e imperfecta, pero en la otra orilla de la cordura, esta casa tapiada y este sofá desvelado, devienen inesperadamente, mi isla.
La desconocida, La desierta y La perdida. Una única isla como tres carabelas, encalladas sin ningún descubrimiento.
Y flotando en mi sofá, me declaro náufrago, y sobreviviente, que lo de súper me viene grande, y respiro este silencio oscuro y soy eterno por un rato.

Buen despertar a todas, todos.

2 pensamientos en “Casi insomnio.

  1. Avatar de packer105 packer105 dice:

    qué belleza lo que escribís!

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